jueves, 9 de julio de 2026


María Luisa Landín, cantante mexicana conocida como "La Reina del Bolero", grabó numerosos temas, entre ellos el clásico "Amor perdido", de la autoría del puertorriqueño Pedro Flores, que ―después de "Las mañanitas"― es la canción más tocada en la historia de la radiodifusión mexicana. Es un auténtico clásico musical que ha sobrevivido al paso de los años.


En 1935 empezó a cantar, acompañada de su hermana Avelina Landín, en casa y en fiestas en México, donde nació el 9 de octubre de 1921.


Cuando eran jóvenes en 1936 hicieron sus primeras presentaciones profesionales en XEYZ y XEFO (radiodifusoras de México).


El dúo, que se hacían llamar Pirita y Jade que eran las hermanas Landín fueron del agrado del público y se hizo conocido, por las buenas voces de sus juveniles integrantes. Para 1938 fueron contratadas en exclusiva por la radiodifusora XEQ, que promovió una rivalidad artística entre ellas y las hermanas Águila a quienes presentaban como "El Mejor Dúo de América".


Durante algunos años las hermanas Avelina y María Luisa Landín cantaron juntas, luego no les gustó el nombre de Pirita y Jade, decidieron ser Mari-Lina, para finalmente quedarse como Las Hermanas Landín.


A partir de ese momento María Luisa Landín formó un trío con las hermanas Emma y Aurora del Mar, y más tarde cantaría a dúo con el tenor Néstor Mesta Chaires en ciudad Lerdo, en México con quien hacía programas que tenían difusión internacional.


También apareció en otros programas de radio, donde conoció y trabajó con el músico y compositor puertorriqueño Rafael Hernández Marín, apodado El Jibarito, quien alcanzaría posteriormente gran fama y éxito como compositor de boleros.


En 1941, María Luisa Landín grabó una versión del conocido bolero "Hay que saber perder" (del compositor chiapaneco Abel Domínguez), registrado en LP 78 rpm en el estudio de grabación de la empresa discográfica RCA.


El disco se convirtió en un gran éxito y rompió récord de ventas. Luego en 1942 grabó su primer tema inédito, "Canción del alma", acompañada por la orquesta del autor del bolero, Rafael Hernández Marín.


Como cantante exitosa, María Luisa Landín hizo frecuentes giras, no solo por todo el país, sino en el extranjero. En 1940 había hecho su primer viaje profesional a La Habana, Cuba, pero años después se presentó en varios países de Sudamérica.


El año 1949 es especial para ella porque graba "Amor perdido", del otro gran compositor puertorriqueño Pedro Flores. Su grabación se convierte no solo en tremendo éxito, sino que con los años llegaría a ser un clásico de la música popular mexicana, que se sigue tocando décadas después de grabada.


Inclusive María Luisa Landín y su hermana Avelina lo habían grabado cuando cantaban a dúo. Landín aceptó volver a grabarlo, ahora como solista, acompañada por la orquesta del maestro José Sabre Marroquín, y con un arreglo del músico chiapaneco Rafael de Paz, donde obtuvo tremendo éxito.


En 1950, aprovechando el éxito de la canción, se filmó la película "Amor perdido", dirigida por Miguel Morayta, interpretada por las rumberas cubanas Amalia Aguilar y Yadira Jiménez, acompañadas por Tito Junco y con la intervención, por supuesto, de María Luisa Landín que interpretaba la canción titular. 


También con Dámaso Pérez Prado y María Victoria logrando una amistad con la cantante que perdura hasta la fecha y que dieron como fruto algunas grabaciones a dúo.


Durante los años cuarenta, hacia los sesenta rompió récord de ventas de discos e hizo giras por todo el continente americano.


Después de "Amor perdido", otros memorables éxitos de María Luisa Landín fueron: "Canción del alma" (de Rafael Hernández Marín), "Hay que saber perder" (de Abel Domínguez), "Aunque tengas razón" (de Consuelo Velázquez), "Será por eso" (de Consuelo Velázquez), "Miseria" (de Miguel Ángel Valladares) y "Somos diferentes" (de Pablo Beltrán Ruiz).


En 1967 grabó por última vez, aunque sus canciones permanecen por muchísimo tiempo en las programaciones de las emisoras de radio de México y todos los países del mundo.


La artista mexicana del bolero María Luisa Landín falleció en su cuidad natal de México el 20 de junio de 2014 a la edad de 93 años.

 

Mira qué profesora de matemática ha llegado a esta escuela de adultos...23 por 3 le da 69...Si te gusta ese número juégalo, a ver si te la sacas, porque la estamos rifando...

LO QUE DICE ANGEL PUELLO


Las redes sociales están decidiendo qué programa sobrevive, qué comunicador crece y qué contenido se convierte en conversación nacional

Por: Angel Puello

La televisión dominicana vive una transformación silenciosa, pero profunda. Ya no basta con estar en un canal abierto, tener un horario estelar o contar con una escenografía costosa. 


Hoy, el verdadero termómetro de un programa no está solamente en el rating tradicional, sino en lo que ocurre después en Instagram, TikTok, YouTube, Facebook, X y WhatsApp.


En República Dominicana, la televisión y las redes sociales dejaron de ser mundos separados. Ahora funcionan como una sola maquinaria de influencia. 


Un comentario dicho en un programa matutino puede convertirse en tendencia al mediodía. Una entrevista en televisión puede alcanzar más impacto por los cortes que circulan en TikTok que por la transmisión original. 


Un momento espontáneo en un panel puede recorrer grupos de WhatsApp y terminar marcando la conversación pública del día.


El dato digital del país explica este fenómeno. 


República Dominicana tiene una población altamente conectada, con millones de usuarios activos en redes sociales y una penetración de internet que coloca al celular como la principal pantalla nacional. 


Esa realidad ha cambiado la forma de consumir información, entretenimiento, farándula, política y opinión pública.


Antes, el televidente esperaba el horario del programa. Hoy, el usuario ve el fragmento que le envían. Antes, el canal decidía qué era importante. Hoy, el algoritmo, los influencers, los portales digitales y los grupos de WhatsApp amplifican lo que consideran más atractivo, controversial o emocional. 


La televisión dominicana ya no compite solamente con otros canales; compite con reels, lives, podcasts, streamings, youtubers y creadores de contenido que producen desde un estudio, una sala o un celular.


Esto obliga a replantear el negocio televisivo dominicano.


Programas como los de variedades, análisis político, farándula, entrevistas y comentarios de actualidad dependen cada vez más de su capacidad para generar clips compartibles. 


El éxito ya no está únicamente en una emisión de una o dos horas, sino en la cantidad de momentos cortos capaces de viajar por redes sociales.


La televisión que no entiende esto envejece rápido. 


El comunicador que no sabe hablarle a la cámara tradicional y al mismo tiempo producir frases, gestos o ideas que funcionen en redes, pierde terreno. 


En cambio, quien domina ambos lenguajes multiplica su influencia: sale en televisión, se convierte en video corto, llega a WhatsApp, entra a TikTok, provoca debate en Instagram y termina siendo citado en otros programas.


Pero este cambio también tiene riesgos. La presión por viralizar puede empujar a la exageración, al escándalo fácil, al conflicto artificial y a la sustitución del análisis por el espectáculo. 


En la televisión dominicana ya se nota: a veces no se busca informar mejor, sino conseguir el corte más explosivo. No se persigue profundidad, sino reacción.


Sin embargo, bien utilizadas, las redes sociales pueden fortalecer la televisión nacional. Permiten medir el pulso ciudadano, acercar los programas a los jóvenes, rescatar segmentos valiosos, aumentar la audiencia y convertir una producción local en contenido de alcance internacional.


La gran conclusión es clara: en República Dominicana, la televisión que sobreviva no será necesariamente la que tenga más años, más tradición o más recursos. Será la que entienda que la pantalla principal ya no está en la sala de la casa, sino en la mano del ciudadano.


Hoy, la televisión dominicana no termina cuando se apaga el canal o cuando termina el programa. Comienza de nuevo cuando el video se comparte.


Nota final

Para sostener el enfoque dominicano: DataReportal/Kepios reportó 7.89 millones de identidades activas en redes sociales en República Dominicana a octubre de 2025, equivalentes al 68.3% de la población.  


Acento, citando el informe Digital 2026, señala que el país alcanzó 10.5 millones de usuarios de internet, con 91% de penetración, y que el acceso a redes sociales es totalmente móvil. 


El periódico El Dinero también recogió el dato de 7.9 millones de cuentas en redes sociales y destacó el peso del celular como vía principal de conexión. 

La influencia del desaparecido cantante español Nino Bravo en la música latina trasciende el pop y la balada, y en la República Dominicana su legado encontró una segunda vida en el merengue, al convertirse en uno de los intérpretes internacionales con mayor cantidad de éxitos adaptados al ritmo nacional.

A lo largo de más de cuatro décadas, importantes orquestas y merengueros dominicanos han recurrido al repertorio del intérprete de Un beso y una flor para transformar algunas de sus canciones más emblemáticas en piezas bailables que han conquistado al público. El resultado ha sido una colección de versiones que, en muchos casos, alcanzaron una popularidad comparable a la de los temas originales.


La lista es amplia y reúne a figuras representativas del merengue de distintas generaciones. Eddy Herrera grabó una contagiosa versión de Carolina, mientras que El Jeffrey llevó al merengue Mi tierra, resaltando el sentimiento patriótico que caracteriza la composición.



Otra adaptación memorable es Cartas amarillas, interpretada por Pablito Martínez junto a La Muralla, tema que mantuvo la esencia romántica de la obra original, pero con el sabor característico del merengue.


Por su parte, Peter Cruz apostó por La puerta del amor, mientras que Nelson Gil hizo lo propio con Noelia, una de las canciones más recordadas del artista valenciano.


La lista también incluye América, América, convertida en un merengue de gran energía por Toño Rosario, quien imprimió su estilo particular a uno de los himnos más conocidos de Nino Bravo.


Asimismo, Carlos David grabó una versión de Elizabeth, mientras que Los Hermanos Rosario llevaron a las pistas de baile Un beso y una flor, uno de los mayores clásicos del repertorio del cantante español.


Estas adaptaciones no solo rindieron homenaje a su legado, sino que también acercaron sus composiciones a nuevas generaciones de bailadores y amantes de la música tropical.


Muchas de estas versiones son hoy parte del repertorio habitual de las emisoras, las fiestas populares y las presentaciones en vivo de las orquestas.


La cantidad de éxitos reinterpretados por reconocidos exponentes dominicanos confirma que su obra continúa vigente y que su voz, aunque inmortalizada en la balada, también encontró un lugar privilegiado entre los metales, la tambora y la güira del ritmo que identifica a la República Dominicana.(Jose Antonio Aybar/El Nacional)





El comediante y locutor Juan Carlos Pichardo Jr. reveló a través de sus redes sociales que fue intervenido de emergencia debido a problemas en la vesícula.


“Señores, les cuento: al parecer, mi vesícula estaba en huelga y tenía sus propias piedras”, inició de manera jocosa su relato.


Contó que llegó el pasado viernes a  un centro médico con un fuerte dolor abdominal, por lo que tuvo que ser ingresado de urgencia.


“Es algo que le puede pasar comúnmente a los pacientes bariátricos, pero ya estoy del otro lado. Ahora, a descansar en casa, y me tocarán unos días de reposo”, destacó en su publicación, la cual estuvo acompañada de una fotografía en la que se muestra muy feliz tras salir del quirófano

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Los buenos deseos no se hicieron esperar por parte de sus seguidores, quienes le desearon “pronta recuperación”.


“Agradezco a Dios, a mi familia, a los doctores y a todo el que, de una forma u otra, se enteró y estaba pendiente de mí. Tamo Nitidooo. Un abrazo, los quiero”, expresó Pichardo. (Shawell Peña/EL NACIONAL)










 

ESO CREE ELLA...

 




Lo que habría comenzado como un intento por evitar el pago de un servicio de motoconcho terminó en una tragedia. Un hombre murió luego de impactar contra una puerta de cristal de un edificio en el sector Solimar, en el kilómetro 9 de la carretera Sánchez, en el Distrito Nacional.

La víctima fue identificada por la Policía Nacional como Juan Carlos Pujols, de 46 años.


Según las investigaciones preliminares, Pujols abordó un motoconcho con destino al referido sector. Al llegar al lugar, presuntamente descendió del vehículo sin pagar el servicio y emprendió la huida a pie.


Durante la carrera, impactó violentamente contra una puerta de cristal de un edificio, sufriendo múltiples heridas provocadas por los fragmentos de vidrio. Posteriormente, logró subir hasta la azotea de la edificación, donde fue encontrado sin signos vitales.


El vocero de la Policía Nacional, coronel Diego Pesqueira, informó que las autoridades aún no han establecido la causa exacta del fallecimiento, por lo que esperan el informe del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF), el cual determinará si la muerte fue consecuencia de las heridas sufridas o de otra circunstancia.


Pesqueira explicó, además, que el conductor del motoconcho está siendo entrevistado por los investigadores como parte del proceso de levantamiento de evidencias y reconstrucción de los hechos.


La Policía precisó que Juan Carlos Pujols figura en los archivos institucionales con varios registros por antecedentes y reiteró que las investigaciones continúan, en coordinación con el Ministerio Público, para esclarecer plenamente las circunstancias que rodearon este trágico suceso.


(Luis Guzman/El Nacionl)

Cuando se habla del turismo dominicano, la imagen que inmediatamente viene a la mente son los grandes resorts de Punta Cana, las playas de La Romana o los complejos hoteleros de Puerto Plata. Ese modelo ha sido, durante décadas, el principal impulsor del crecimiento turístico del país y una de las bases de la economía nacional.


Sin embargo, mientras la atención continúa enfocada en el turismo de sol y playa, otra transformación avanza con fuerza y podría convertirse en uno de los mayores cambios de la industria durante la próxima década: el auge de los hoteles de ciudad.


No se trata simplemente de construir más habitaciones en Santo Domingo. Se trata de comprender que el turismo mundial está cambiando y que las grandes capitales se han convertido en destinos por sí mismas, capaces de atraer viajeros durante los doce meses del año gracias a los negocios, la cultura, la gastronomía, los eventos deportivos, los congresos, el turismo médico y la inversión.


Santo Domingo, una capital con vocación turística


La República Dominicana continúa consolidándose como el principal destino turístico del Caribe, con una proyección cercana a los 12 millones de visitantes en 2026. Ese crecimiento obliga a diversificar la oferta y fortalecer segmentos capaces de generar actividad económica durante todo el año.


En ese contexto, Santo Domingo posee ventajas que pocas capitales de la región pueden ofrecer. Concentra el principal distrito financiero del país, las sedes de las grandes empresas, instituciones gubernamentales, embajadas, hospitales de referencia, universidades y una agenda cada vez más intensa de conciertos, ferias, eventos deportivos y actividades culturales.


Esta combinación convierte a la ciudad en un destino que trasciende el turismo tradicional y la posiciona como un centro de negocios, reuniones, inversión y experiencias urbanas.

La confianza de las grandes cadenas internacionales


La evolución de Santo Domingo como destino urbano también se refleja en la confianza que han depositado las principales cadenas hoteleras internacionales en la ciudad. Un ejemplo emblemático es el InterContinental Real Santo Domingo, que desde su apertura ha contribuido a elevar el perfil de la capital en el segmento del turismo corporativo y de lujo. Su presencia ha fortalecido la capacidad de Santo Domingo para recibir ejecutivos, delegaciones internacionales, reuniones empresariales y eventos de alto nivel, consolidando al sector hotelero como un aliado estratégico del desarrollo económico.


A este ecosistema se suma Hyatt Centric Santo Domingo, una propuesta que responde a las nuevas tendencias del turismo urbano, donde el visitante busca combinar negocios con gastronomía, cultura, entretenimiento y experiencias locales. Su llegada refleja cómo la ciudad comienza a atraer un perfil de viajero más diverso, interesado en descubrir el destino más allá de una agenda corporativa.


Junto a estas inversiones, marcas como Embassy Suites by Hilton, Sheraton, Courtyard by Marriott, Catalonia y la futura incorporación de Swissôtel Santo Domingo evidencian que los grandes operadores internacionales identifican a la capital dominicana como un mercado con alto potencial de crecimiento

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Más que una competencia entre cadenas hoteleras, esta diversidad fortalece el posicionamiento de Santo Domingo como una ciudad preparada para atender distintos perfiles de visitantes y consolidarse como uno de los principales destinos urbanos del Caribe.

El impacto del turismo de reuniones


Uno de los proyectos que podría acelerar esta transformación es el futuro Centro de Convenciones de Santo Domingo. Esta infraestructura permitirá captar congresos, ferias, convenciones y eventos internacionales de gran escala, impulsando el turismo MICE (Meetings, Incentives, Conferences and Exhibitions), uno de los segmentos de mayor gasto por visitante.


La experiencia de ciudades como Panamá, Bogotá, Madrid o Lisboa demuestra que cada gran evento internacional genera un efecto multiplicador sobre hoteles, restaurantes, transporte, comercios, empresas tecnológicas, operadores turísticos y cientos de pequeñas y medianas empresas.

Santo Domingo tiene todas las condiciones para insertarse con mayor fuerza en ese mercado.


Un impulso para la inversión inmobiliaria


El desarrollo de la hotelería urbana también beneficia al sector inmobiliario.


Cada nuevo hotel incrementa el atractivo de su entorno, dinamiza la construcción, impulsa proyectos de uso mixto y fortalece el valor de las propiedades cercanas. No es casual que muchas de las principales inversiones inmobiliarias del país se estén desarrollando alrededor de corredores empresariales y turísticos donde convergen hoteles, oficinas, comercios y viviendas.


Este modelo permite crear ciudades más dinámicas, donde residentes, turistas y empresarios comparten un mismo espacio urbano, generando una actividad económica permanente.


Diversificar para crecer

Durante muchos años el éxito turístico dominicano descansó, con razón, sobre el modelo de sol y playa. Ese liderazgo debe mantenerse, pero también complementarse con nuevos segmentos que reduzcan la estacionalidad y amplíen las oportunidades de inversión.


Los hoteles de ciudad representan precisamente esa diversificación. Su ocupación depende menos de las temporadas vacacionales y más de una combinación de negocios, turismo médico, conciertos, gastronomía, eventos deportivos, actividades culturales y reuniones internacionales.


Esto significa mayor estabilidad para la industria, más empleos permanentes y un impacto económico distribuido durante todo el año.


El reto de planificar el futuro

El crecimiento de la hotelería urbana debe ir acompañado de una planificación inteligente.


La movilidad, la seguridad, la sostenibilidad, la recuperación de espacios públicos, la conectividad digital y una oferta cultural de calidad serán factores determinantes para consolidar a Santo Domingo como una ciudad competitiva en el escenario internacional.


Las capitales que hoy lideran el turismo urbano entendieron hace tiempo que el éxito no depende únicamente de construir hoteles, sino de crear ciudades donde el visitante quiera permanecer, invertir y regresar.


Una oportunidad para la próxima década

Quizás el próximo gran salto del turismo dominicano no ocurra frente al mar, sino en el corazón de su capital.


Mientras los grandes resorts continuarán siendo la principal carta de presentación del país, los hoteles urbanos se perfilan como un motor silencioso capaz de impulsar nuevas inversiones, fortalecer el turismo de negocios, dinamizar el mercado inmobiliario y proyectar a Santo Domingo como una ciudad global.


La República Dominicana ya es líder en turismo de sol y playa. El desafío de los próximos años será consolidar también un modelo exitoso de turismo urbano, donde hoteles de clase mundial, infraestructura moderna y una ciudad vibrante trabajen juntos para seguir impulsando el crecimiento económico del país. (Joan Feliz/ Diario Libre)