Nadando con el Pez Dorado
El Pez Dorado es el restaurant de categoría más tradicional de la ciudad de Santiago.
Se ha mantenido por muchos años como el establecimiento favorito para las reuniones sociales o de negocio, aunque en los últimos tiempos ha surgido una fuerte competencia con los restaurantes de nueva generación, de estilo moderno y avanzado.
No hay quien lo mueva de su concepto ‘’old fashion’’ , apegado a la más rancia tradición.
Ello tiene la desventaja de que aleja al público contemporáneo, que anda en busca de nuevos sabores y propuestas. Pero la gente de El Pez Dorado ha escogido su nicho, su público, y al parecer están dispuestos a mantenerse apegado a su estilo y tradición.
Después de todo, el público tradicional posee una mayor capacidad de consumo. Es la gente adulta la del dinero, y nadie es tan tonto como para soltarla ‘’en banda’’ para estar inventando.
Eso hay que dejárselo a los restaurantes nuevos, que no tienen tradicional , y que necesitan establecerse y que por lo tanto puedan jugar con la carta y con el ambiente.
Una visita reciente al emblemático restaurant posibilita un ‘’control de calidad’’.
La cocina es buena, y se mantiene a precios competitivos.
El Pez Dorado se ha desarrollado en el concepto de un restaurante chino, pero siempre con una amplia apertura hacia la comida internacional.
Aunque asar o saltear un filete para comerlo con papas, tostones o vegetales hervidos no tiene ciencia, el mantener el punto de coción en el procesamiento de una carne premiun es importante, más aún no tratándose un ‘’steak house’’ .
Un corazón de filete 12 onzas (625 pesos) se enmarca en los niveles apreciable, aunque no pueddo decir lo mismo de una cazuela de mariscos (667` pesos). Simplemente “pasable”, pero no como hacerle ‘’bulla’’.
Se salen, sin embargo de competencia en el precio de los vinos.
El Santa Rita Cabernet Reserva que en Lolita anda por 900 pesos la botella en el Pez Dorado cuesta 1,365.
Algo que deben cuidar en El Pez Dorado es el individuo que se dedica a cuidar los vehículos en la puerta del establecimiento, como si trabajara para el mismo.
Impone una tarifa exagerada de manera grosera con lo cual daña la imagen del negocio.

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NIURKA BAEZ,
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