República Dominicana acaba
de convertirse en el país que cuenta con la más grande tienda “rock shop” de
Latinoamérica y el Caribe. Está ubicado en el complejo Barceló Bávaro dentro
del hotel Palace Deluxe en Punta Cana.
Tom Pérez, director regional
de desarrollo de Hard Rock Café, explica que el espacio tiene una extensión de
175 metros cuadrados, lo que la convierte en la nueva boutique más grande de la
cadena Hard Rock en Latinoamérica y El Caribe. Dice que su decoración se
destaca por su elegancia y coquetería.
Pérez indica que “este es un
paso de continuidad que se enmarca en la estrategia de expansión que ejecuta la
marca, uniéndose a otra gran cadena de prestigio mundial como hoteles Barceló.
“Los grandes se juntan”,
fueron las palabras del ejecutivo al momento de dar la bienvenida al acto que
unió a representantes de Hard Rock Café, la cadena Barceló, medios de
comunicación e invitados especiales.
Durante la inauguración
estuvieron presentes además de Tom Pérez, Peter Gauster, propietario de la
franquicia en República Dominicana, junto con su esposa Luguely Cunillera de
Gauster; Jorge Yañez y Pedro Pared.
RESPONSABLES DE LA
ESTRUCTURA FÍSICA
El diseño estuvo a cargo de la oficina de arquitectos Moré & Wiese, quienes implementaron un estilo glamoroso que se destaca por su variedad de ambientes internos, para la comodidad de los clientes. El nuevo “rock “shop” de Hard Rock Café, está inspirado en el clásico francés definido por María Antonieta, estilo del cual las estrellas del rock clásico siempre han echado mano para darle vistosidad. (Listín Diario)
El diseño estuvo a cargo de la oficina de arquitectos Moré & Wiese, quienes implementaron un estilo glamoroso que se destaca por su variedad de ambientes internos, para la comodidad de los clientes. El nuevo “rock “shop” de Hard Rock Café, está inspirado en el clásico francés definido por María Antonieta, estilo del cual las estrellas del rock clásico siempre han echado mano para darle vistosidad. (Listín Diario)
Que bién, uno de verdad que no puede oponerse al progreso. El rock es una cultura, no una música loca, como todavía piensan algunos ortodoxos que tienen la mente en "belén con los pastores", que solo conciben música de la Orquesta Santa Cecilia, la de Pérez Prado, Lucho Gatica, Olga Guillot, Napholeón Dhimes, Lope Balaguer, y otros buenos exponentes de otros tiempos, a lo que tienen perfecto derecho, pero hay otras expresiones que de igual manera definen valores de otras culturas que tenemos que respetar, aun no sean de nuestra preferencia.
!Somos los números uno en "rock shop", y eso deberíamos todos celebrarlo bailando "Rock Around The Clock", para recordar los viejos tiempos, no importa que usted camine con bastón, todo se vale en esta época.
Bien por lo del rock, y lo decimos para que vean que no tenemos prejuicio con esa música, que mucho bailamos en los 70 cuando eramos presidente del Club del Clan de Radio Radio y organizábamos fiestas en el Rancho la Ponderosa y el Club de los Bomberos, con Los Románticos, Los Koladescope, y otros grupos que atronaban en la segunda mitad de los años 60.
Lo que me apena es que no temgamos un "merengue shop" donde se pueda exhibir y vender objetos de nuestra música.
Tamboras, guiras, maracas, guitarras, timbales, y donde se puedan exhibir los jumsuits que se ponía Johnny Ventura en los ochenta, también los del conjunto Quisqueya (si Hard Rock tiene los de Elvis Presley, por qué nosotros no podemos exhibir los de nuestros artistas emblemáticos?), también los sombreros de Cheché Abreu, el peluquín que se ponía Joseíto cuando se estaba quedando calvo. las pelucas y extensiones de Fefita la Grande. la ambulancia de El Mezclador, el saxofón de Felix del Rosario, el flugelhorn de Wilfrido, el mosaico en el que bailaba Mundito en el Monalisa, el piano que Anibal Bravo tocaba con dos dedos, el acordeón de El Prodigio, el traje de la muerte de Toño Rosario, las máscara que se ponía Sergio Hernández para participar en la lucha libre sin que nadie lo supiera, el gorrito de media de mujer que se ponía Niní Caffaro para acostarse y mantener la onda del pelo, el primer sombrerito de Juan Luis Guerra cuando lanzó bachata rosa, el gato que el haitianito Feliz Cumbé enseñaba en el programa Fiesta de Teleantillas cuando cantaba El Gatico con Anibal Bravo (debe estar vivo, no se olviden que los gatos tienen siete vida), el uniforme con la bandera dominicana que usó Bonny Cepeda cuando lo metieron preso, la pasta de ajo que se ponía Peter Cruz en la cabeza, para que no se le cayer el pelo, el traje de árabe de El Nazareno y los pampers que usó Tutile en un espectáculo de Vidal Cedeño en el United Palace, cuando se le salieron "los mellizos de Minnesota" delante del público. Son muchos los objetos que pueden integrar un "merengue shop" y una memorabilia que puede superar a la del rock, porque esas tiendas están dondequiera, y la que estamos sugiriendo no. Lo que más le gusta a un turista es llevarse de aquí una tambora de cuero de chivo, típica. No en vano el Tamború hacía negocio llevándose docenas de tamboras para Nueva York, cada vez que viajaba con Fernando Villalona, y las vendía todas, en dólar. Le encasquetaba una a cada músico, y había que llevársela, porque en Nueva York quien le vendía las galletas con queso de hoja a los músicos para que se desayunaran era el Tamború, que llevaba fundas desde Santo Domingo, para vender en dólar, desde que pisaba Nueva York. Imagínense, a los músicos le salía más barato "abrocharse" las galletas con queso que vendía el Tamború , que ir a desayunarse al restaurant del hotel pagando 10 dólares.
Por cierto, que como las líneas aéreas quitaron las comidas en los viajes a Nueva York, hay músicos que llevan fundas de galletas con queso blanco, para vender a bordo, a precio más barato que los sandwichitos que venden las líneas aéreas a bordo a 10 y 12 dólares. El dominicano es dominicano...No importa que este a 35 mil pies de altura. ¡Nadie lo jode!



No hay comentarios:
Publicar un comentario
Se valora el envío de comentarios no ofensivos apegados a la moderación.
NIURKA BAEZ,
Moderadora de comentarios