Por: Diego A. Sosa
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En la ciudad de Hanoi hubo una gran plaga de ratas. El
gobierno intentó de varias formas exterminarlas y no conseguía su
propósito. Alguien tuvo la idea de incentivar a toda la población para
terminar con la plaga. Crearon una ley, se comenzó a pagar por cada rata
muerta que se entregara.
La
medida surtió una motivación extraordinaria y la población comenzó a
llevar ratas a las autoridades. Decenas de miles de ratas eran pagadas
cada día y parecía que los habitantes de Hanoi pronto serían liberados
de la plaga. Lamentablemente, las ratas seguían siendo las dueñas de la
ciudad.
La
medida había motivado, pero la solución no había llegado. ¡¿Qué había
pasado?! Tristemente la creatividad voló más alto que el objetivo de la
iniciativa. Los habitantes de Hanoi buscaron la forma de ganar más
dinero con la entrega de ratas al gobierno... ¿Ya se imagina cuál fue la
solución que habían encontrado? Sí, armaron
criaderos de ratas. Ni siquiera se tenían que molestar en cazarlas,
simplemente las sacaban de las jaulas y las vendían a la municipalidad.
Recordemos
que si hay una recompensa como motivación, hemos declarado que los
objetivos del que pone la recompensa son diferentes que los objetivos
del que la recibe. El que la recibe tendrá siempre como objetivo la
recompensa.
Por
ejemplo: Un banco le pide a sus empleados que coloquen préstamos, por
cada adquisición recibirá una motivación monetaria. El empleado tiene un
objetivo y el banco tiene otro. La empresa quiere una gran cantidad de
préstamos, ¿y el empleado? Exacto, mucho dinero en su cuenta de
ingresos. ¿Se tendrá que preocupar el empleado por la sanidad de su
cartera? Para eso tendría que tener otra variable en su carta de
motivación.
Existen
directores de empresas que ganan 700 millones de dólares al año. ¿Si
ganaran 500 estarían desmotivados? Créame que sí, quizá no logre los
objetivos que le pongan si no le pagaran esa suma y, lo más seguro,
cambiarían a un empleo donde pagaran más. ¿Hasta dónde llega la
ambición? Aún no se sabe.
Joseph,
hay que tener mucho cuidado al querer motivar con dinero. He visto
empresas que definen el crecimiento como objetivo, motivan a todos sus
empleados para lograr los números planteados... luego pagan con sangre
un crecimiento sin una rentabilidad sana.
¿Y
en la familia? Muchas veces ofrecemos recompensas para que nuestros
hijos realicen actividades. Sacar la basura, arreglar su cuarto, sacar
buenas notas, etc. ¿Qué queremos en realidad? Muchas veces sólo podemos
ver la acción inmediata. Sin embargo, la realidad es que queremos
criarlos. Queremos enseñarles costumbres y hábitos que van más allá de
la simple actividad de dejar su cuarto ordenado. ¿Qué tienen que hacer
ellos para recibir una recompensa? Claro, recoger su habitación.
Si
nuestros hijos fueran habitantes de Hanoi dejaran cada día su
habitación desordenada... me imagino que no le tengo que aclarar para
qué. Sí, para que haya una recompensa. O sea, no
estaríamos logrando inculcar un excelente y productivo hábito, y sí una
mentalidad (aunque creativa) totalmente interesada.
Pensemos
en cuántas recompensas ofrecemos y en lo que en realidad logramos. Si
queremos motivar con recompensas, éstas deben ir alineadas con el
objetivo final que tenemos. En mi libro ¡Alcanza la Cumbre! explico en
detalles la forma de motivar sin necesidad de recompensas.
Si quiere usar el sistema de recompensas, le diría que trate de alcanzar con ellas lo que en realidad usted quiere lograr.




y cuanto millones tu te quieres buscar con ese cuentico, total en sto dgo es tierra de indio
ResponderEliminarOsea, que usted seria mas feliz si su editora no le pagara un royaltie por libros vendidos?..
ResponderEliminarAh,......e'te es el Sr. OSEA. Anda pa'l carajo, ya se me calló to'. Y tan bien que diba.
ResponderEliminarEste artículo deberian imprimirlo, sacarle copia, y mandarselo a mucha gente. bien que si.
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