lunes, 24 de febrero de 2014


Arte Nacional
Por Joseph Cáceres
CONCIERTO Y ESPECTACULO


Decíamos hace poco que se ha unificado el concepto de recitador y declamador, comediante y humorista, autor y compositor, presentador y animador, cuando hay marcadas diferencias entre unos y otros.


Se nos ocurre agregar otros dos ingredientes al "sancocho".

Se trata de espectáculo y concierto, los cuales poseen elementos diferenciados, que no se están tomando en cuenta al momento de conceptualizarlos, hasta en las premiaciones.

Así vemos como indistintamente se nominan espectáculos en la categoría y de conciertos y viceversa.

Los mismos cronistas de arte tienen una confusión en la cabeza, y al momento de escribir y hablar cometen errores imperdonables, que contribuyen a la falta de categorización de los conceptos.

Por ello vemos que cantantes que hacen un concierto, quieren que los nominen en la categoría de espectáculos, cuando ven que en el que están hay alguien muy fuerte que les puede ganar la estatuilla, como también ocurre a la inversa.

Es elemental que un espectáculo, aún sea de un cantante, se nutre y enriquece con elementos que le sirven de adorno, en donde el intérprete no se limita a cantar, ejecuta bailes, incorpora coreografías, a más de los elementos visuales, los efectos sonoros, de luces, proyecciones, pirotecnia, utilería, decorados, todo dispuesto con el fin de impactar a la audiencia, en base a una producción que responde a un guión y un montaje.

Diferente al concierto en su real esencia, donde lo importante son las canciones, con mínimos elementos de adorno, prescindiendo en lo posible de grandes artificios y aditamentos.

Nos parece que si esta diferenciación se adoptara, pudiéramos clarificar mejor los conceptos, y se evitaría el "arroz con mango" en que se ha caido en materia de conceptualización del trabajo escénico.

2 comentarios:

  1. Entiendo el planteamiento de Joseph y el interés de educar para que se sepa separar paja de trigo, colocar las cosas en su justo lugar. Es muy cierto que hoy en día, por nuestro afán simplista de obrar, tendemos a mezclar las cosas fusionando terminologías, creando así una especie de "spanglish" conceptual de difícil comprensión.

    Sin embargo me parece que cierta dosis de flexibilidad pragmática se hacen obligatorias atendiendo a la realidad de nuestro limitado mercado, pero dejando suficientemente claro que se trata de una situación especial y sui géneris.

    El ejemplo de comediante y humorista es el mejor para ilustrar esto: ¿como nominar a un humorista que realmente ha realizado un trabajo destacado sin crear un renglón solo para él?, si se incluye en el renglón "Comediante del año" se estaría desconociendo que son dos cosas muy diferentes (como acontece ahora al incluir al humorista Carlos Sánchez), pero haciendo uso de la flexibilidad que nuestro medio obliga, si rebautizaran el renglón de manera extraordinaria (no quiere decir que quedará así necesariamente para otros años) "Comediante y/o humorista del año", creo que quedaba salvada la situación.

    Alpha

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  2. estoy de acuerdo con alpha

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