De la querida a la chapeadora
La chapeadora es teóricamente fiel mientras se mantenga la provisión que le permita un estándar de vida acorde con el estatus de su mercado social.
Hace algún tiempo sus nombres rodaban como canicas entre el cuchicheo de los vecinos. Estaban socialmente anuladas y confinadas en sus casas. Asumían dócilmente su papel y lo interpretaban con discreto celo. Eran las segundas y en tal condición impedidas de exigir un trato igual al de las esposas. Sabían que el día que reclamaran algún derecho matrimonial lo perderían todo, hasta el sustento de sus hijos, tratados como lo que eran: bastardos. Las reglas de la relación no estaban escritas, pero tampoco era necesario: el machismo las imponía de forma consuetudinaria. La idea era no parecerse a la esposa ni que el trato soportara alguna comparación. Las queridas se tenían como premio al machismo adinerado para escapar de un matrimonio mantenido por marca social, mandato religioso, apariencias urbanas o para evitar la partición del patrimonio conyugal. Ellas debían suplir lo que ya no aportaba una relación cansada y aburrida.
La querida era la amante “instalada”, aquella que brindaba el espacio y los medios para que el macho se sintiera como en su casa. Esa fantasía, de creerse extraño en sus propios dominios, afirmaba su libidinoso carácter de semental. Pero, igual, la querida era una experiencia intermedia entre el desempeño coital de la prostituta y la sumisión de la señora del altar. Con ella la intimidad no tenía ortodoxia ni rigidez. Era su campo de honor, donde ganaba ventaja y razón. Eso sí, estaba obligada a demostrar sus mejores pericias como soberana de la cama y cortesana de los caprichos del Don, esos que con la esposa no se pedían ni se daban porque se entendían como profanaciones a la “santidad” del sacramento. Pero, como súbdita de la tiranía machista, la querida estaba sujeta al mismo régimen de fidelidad de la señora. Ambas eran reas de esclavitudes paralelas, aunque bajo un mismo patrón de abusos.
La querida, como réplica postiza del matrimonio, se perdió en el tiempo. Esa mujer de vida arrimada que cargaba con el bochorno de ser segunda, definitivamente caducó. Las tendencias de consumo de un capitalismo desigual, decadente y hedonista trajeron nuevos formatos de interacciones carnales. La prostitución se reinventó bajo códigos estilizados de prestación. Hoy la querida no es ni sombra de su propuesta original. Lo más próximo es una chapeadora con acuerdo negociado de “fidelidad”.
Las carencias de oportunidades, la exclusión y la fermentación de los valores tradicionales empujaron a los jóvenes de la periferia social a explotar tempranamente sus cuerpos. Así nace el chapeo, expresión de una sociedad dominada por valores plásticos de vida. La chapeadora no es ni la clásica querida ni la prostituta convencional que comercia su cuerpo para el beneficio de una red o de un negocio ajeno. No, el chapeo es un emprendimiento individual en el que la muchacha o el muchacho es dueño de su negocio. En la lógica del intercambio, la fidelidad (o, mejor dicho, la exclusividad) es un aspecto más de la negociación carnal que se concretiza con la instalación “full” de la chapeadora en un apartamento. Eso supone tenerla como amante, pero con notaciones muy distintas a la querida de otros tiempos.
La chapeadora es teóricamente fiel mientras se mantenga la provisión que le permita un estándar de vida acorde con el estatus de su mercado social. Esa exclusividad de uso se compra, y tiene un precio muy alto porque se trata de una consumidora frenética.
Su figura es su activo, marca y “good will”. De manera que para acreditarse como tal tiene que mantenerse “mise à jour” (puesta al día) en las tendencias de la moda, las marcas y los finos hábitos de vida, pero, igual, es una paciente compulsiva de las cirugías estéticas, los implantes y las lipoesculturas. No es una simple amante; es un señor lujo reservado para los grandes “templos”.
El chapeo como negocio es un componente cada vez más apreciable en la economía del consumo, con probable impacto en el PIB. Se trata de un comportamiento social reactivo a las precariedades de la subsistencia y a la disolución de viejos patrones de vida en una sociedad cada vez más líquida.
Lo sensible es cuando esa “industria” la sustenta “oficiosamente” el Estado. Nadie ha estudiado el impacto de este servicio en las finanzas públicas. En la República Dominicana tenemos un funcionario activo por cada veintidós habitantes y una nómina pública equivalente a casi un cinco por ciento de la población, sin considerar beneficiarios de pagos disfrazados como servicios, contratas y asesorías ni los trasiegos de fondos “por la izquierda”. Si esa realidad la encuadramos en la cultura patológica del gasto, es seguro que una buena parte del chapeo, como economía de servicio, se mueva con fondos públicos. Hay ministerios (como por ejemplo el de Relaciones Exteriores) que cargan con la nómina más pesada y ociosa de infuncionales, dominada por una diversa composición social y regida por los criterios más laxos de contratación. Pero otra arista en este análisis es la línea de rotación social de los funcionarios altos y medios del Gobierno: un segmento cada vez más expandido que de clase media ha mutado a la alta en algo menos de veinte años gracias a la corrupción y al relajamiento institucional. Esta clase suele ser ostentosa, dada al dispendio y a la liviandad. De hecho, ha impuesto nuevos estilos de vida en los que el chapeo es una de las elecciones lúdicas más distintivas. ¿Y qué decir del nuevo pelaje de ricos creado por los esquemas de contrataciones de obras del Estado? Hoy los contratistas son una eminente y poderosa casta de primera generación. Mercado premium del chapeo.
Así van las cosas, y la vieja querida del funcionario de otros tiempos queda apenas como el tímido asomo de lo que yo llamo “la cultura silicona del poder”, tendencia que ha contado en estos gobiernos dispendiosos y profanos con su más aclamado relato.
(José Luis Taveras-En Directo-Diario Libre)


Jose Luis Taveras tu no tienes oficio para coger un periodico,emplear tu tiempo y estar promoviendo un oficio de tan poco valor? deberias atencionarte en otros valores que le aporten otros beneficios a la sociedad.
ResponderEliminarEs cierto lo que dijo un vecino tuyo que cuando estas en un grupo jugando dominó y comienzan a hablar de cuernos o chapeadoras tu te paras de la mesa y te vas para tu casa?
EliminarNo 23:58 lo que pasa es que tu mujer quiso pegarte los cuernos conmigo,a cambio de que yo le regalara un catre,porque dizque tu,la tienes un un bojio durmiendo encima de cartones,y ni siquiera una cama le compras.
Eliminarjajajaja coje ahi pitagora
EliminarAy sisii es que soy pobre, muy pobresito y el papá de ella es militar y no me queria y yo le cantaba al comando
EliminarComandante deme un chance con ella, que soy pobresito
Yo no hago de nada, jefe, soy pobresito
Mireme la pela', yo soy pobresito
No tengo ni uno, tamabíen soy pobresito
Por favor, soy pobresito
Deme un chance que soy pobresito
Casi voy a la iglesia, soy pobresito
Y el comandante me dio un chance y nos presto una casita sin amueblar. Dormiamos en el piso y entonces hicimos una lista de pendejos que ella se iba a encargar de chapear y a cada pendejo le asignamos algo para amueblar nuestra casa. A juan los muebles, a ramon la lavadora y asi por el estilo.
Gracias por la cama. Ahora hacemos maravillas en ella que antes no podiamos hacer encima de los cartones.
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EliminarDrogaaaaaa!!!!!!
EliminarPita mijo que defensa ma pobre ya se te acabo el preguntal,ahora responde.
EliminarEl término Chapeo fuè inventado por un maldito prieto y por demàs tacaño, que al no poder darse alguna rubita, optò por llamarla así. No hay cosa que le guste más una rubia que a un jodío Prieto!!!....👍
ResponderEliminarJosé Luis Taveras, te la comiste, no hay desperdicio, mejor de ahí se daña.
ResponderEliminarAhora si la tenemos,el propio Jose "chapeo" Luis Taveras defendiendo su cronica.
EliminarNo todo es como lo pintan... existe mercado por que hay quienes lo compran, el que paga por sexo,es un individuo sin escrúpulos, del que hay que tener pena, pues su capacidad amatoria, solo llega a un sildenafil y una selfie, para contarle a sus iguales y compartir trofeos de pieles, tinte y rellenos... más aquí, os dejo un mensaje directo, con más razones que recuerdos por aquello de que (LOS CABALLEROS NO TIENEN MEMORIA ) en mis noches de calle y bebidas... por las que otros pagaban a mi me regalaban sus ganancias las que disfrutábamos los dos en su propias vivienda y comiendo lo que se me antojara y bebiendo buenos vinos que otros pagaban... nunca en mi vida aún después de cierta edad, he pagado y nunca pagaré, porque pienso que es una vaina que la han dañado los mismos hombres, solo se paga por lo que otros compran
ResponderEliminarAhorita vienen los estupidos entre ellos el mal llamado Pita-droga a querer hacerse los graciosos, les informo no me importa que me llamen tacaño, que insinuen que digo mentiras les aseguro que conozco n tipos que dicen que no salen con una mujer sin darle sus cuartos y yo nunca le daría un peso a una mujer por estar conmigo
Yo, como tú, hasta ahora no le he pagado a ninguna mujer por tener sexo con ella. No he tenido las mujeres que ha dicho Julio Iglesia y Fernandito, pero me conformo con las que han pasado momento en la intimidad "sersuais". No quiero decir con esto, que no he gastado en lo necesario para lograrlo, es decir, los gastos inherentes para lograrlo. Siendo más claro -para que me entiendan los pocos entendidos, que en el blog hay varios-, gasto de hotel o motel, comida y bebida, son inexorables para un caballero.
EliminarNo solamente eres un jabladorazo,sino un simulador de pacotilla.Te conocemos,con tus cuentos borrachos de cerveza barata de un dollar.Quieres colarte sin poner tus iniciales(AS),porque te diste cuenta que ya jartas.
EliminarJajajajaja... la peor ofensa que he recibido el dia de hoy
EliminarYo parecerme al (AS) queroso eso jamás
Y por otro lado comandante 10:59 claro de eso a pagar por tener sexo hay una gran diferencia... claro que la gasolina, cabaña, bebida y cena van en una salida como caballero, pero de ahí a cubrirle vehículo, salón y etc. Son vainas de palomos, esta bien si es tu esposa y vive en tu casa con ella... pero una marrana que se le va a llevar a cenar, bailar, beber con tus cuartos también va a singar y a disfrutar de una cabaña con aire y de todo, quiere que le paguen coño y que es lo que ella va a poner, si es sexo el hombre también compone y tiene que fajarse, para no quedar "Mal" o no ?
Sin desperdicios.
ResponderEliminarNo ombe no,el chapeo es lo mismo que cuerear,solo que le han buscado otro nombre para disfrazarlo.Porque digame usted no es lo mismo yo te doy si tu me das aquello.Entonces eso es cuereo con cierta fidelidad y exclusividad hasta que convenga.
ResponderEliminarEl sexo transaccional es una nueva modalidad de la prostitución conocida popularmente como el chapeo.
ResponderEliminarZORRO...NIURKA...
ResponderEliminarUstedes se han fijado???...
no me aguntan, no me soportan...y sin embargo, estan copiando hasta "Mi estilo" de redaccion.(AS)