La mente angosta de la periodista Carla Angola
Por Johnny Arrendel
Democracias hay muchas, pero democracias de calidad no son todas. La principal característica que define una democracia de calidad es la alternabilidad.
Es por eso que condeno a regímenes como los de Cuba, Nicaragua y Venezuela. En esas naciones no existe la posibilidad de cambiar sus gobernantes por libre albedrío de sus pueblos. Mismos que los mantiene con déficits de libertades públicas y en permanentes crisis económicas.
De esta manera, quiero desmarcarme de cualquier asomo de simpatías con el régimen que desgobierna y oprime a Venezuela, encabezado por Nicolás Maduro, a quien adverso profundamente, y esto es comprobable en mis redes sociales y participaciones como analista político.
Pero en esencia, somos periodistas y así como defendemos la libertad de expresión. también condenamos el ejercicio desviado del oficio, como el de una activista disfrazada de comunicadora, Carla Angola, quien decidió apoyarse en el populismo como forma de adquirir un peso social y político que no le otorga su evidente mediocridad profesional.
La sujeta tiene un match con el músico y cantante dominicano Bonny Cepeda, originado en la participación de esa figura en el cumpleaños del gobernante de Venezuela, el torpe e ineficiente Nicolás Maduro, y la filtración del supuesto cobro de 60 mil dólares por esa actuación.
Desde cualquier punto de vista, es absurdo y de carácter totalitario el tratar de impedir que determinado artista se presente donde los contraten, dentro de los cánones de lo normal. Pero es que la impetrante se atrevió a declarar como bueno y válido que en caso de Bonny Cepeda ser amigo de Maduro no puede serlo de Venezuela bajo ninguna circunstancia.
Lo menos que deberían hacer el Colegio Dominicano de Periodistas y la Asociación Dominicana de Productores de Programas de Televisión es emitir una nota donde le aclaren a esta vomitiva comunicadora que sus disparatados planteamientos son inaceptables dentro de la comunidad dominicana, porque simplemente carecen de racionalidad, de valor de verdad.
Es momento también para que Amucaba y cualquier otro gremio artístico del país saque la cabeza por su asociado.
Angola fue más lejos en su actitud lambiscona, en su penoso rol de busca comida, al emplazar a Bonny Cepeda, a que definiera de qué lado está, sí del de las víctimas o la del victimario, dentro del drama social, económico y político que se vive en Venezuela.
Resulta que en esas cuestiones cruciales, un artista que es en realidad una marca, no está obligado a carabina a tomar partido, aunque en su fuero interno tenga un criterio determinado.
Sin dudas, que Bonny, quien respondió como un caballero a su pretendida verduga mostró fallas en su manejo de la comunicación, pero el ejercicio vil de la comunicadora venezolana estuvo de lo peor.



Por fin apareció uno que le dijera la verdad a esa energúmena
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