domingo, 25 de septiembre de 2016
MIS REFLEXIONES

Es la noche clonada de un sábado cualquiera es
imposible trasegar la memoria y ocultar el recuerdo de aquellos tiempos acaramelados en que la brisa se llenaba de voces untadas de papeles de helado Capri.
Y de repente la realidad de que ya no hay tiempo para recrear la fantasía, aún con el zurrón lleno de añoranzas y quimeras, difíciles de asimilar con la asunción de posiciones taxativas, ni fáciles de calmar con los paños calientes con que las abuelas atenuaban el dolor exaltando las virtudes del cebo tibio.
Después de todo, no hay que ser muy “straight” pero tampoco demasiado laxo para sonrojarse cuando Eduardo Auté cantaba cómo se masturbaba con Sharon Stone “In his mind”.
Bastaría con imaginárselo detenido en un destello orgásmico con su cara amarillenta “por el polvo”.
Sería sucumbir a la misoginia encubierta de algunos intérpretes de la vanguardia tecno, a los mensajes subliminales de los mutantes que pretenden viajar en un tren que nunca pasa, queriendo sembrar sus días en el umbral del tiempo.
Aunque después de todo, ello representa una suculenta plusvalía para la industria, pues siempre habrá alguien dispuesto a pagar los patinazos de una cultura chatarra.

Si entiendo que no hay que bailar al ritmo que otro toque, asumiendo el rol de la serpiente encantada que espera el sonido de la bombarda para levantarse de manera sinuosa y sugerente a enseñar el culo.
Hay que entender, sin embargo, que la canción ha cambiado con el tiempo, en un mundo que se ha cansado de dar vueltas, emborrachado de tantos amaneceres, atardeceres y anocheceres…
Quizás esos cambios te llegan en el porche de la vida, o puede ser que te atrapen en el ecuador de tu existencia…
¿Qué hacer, entonces?
¿Por qué pagar por tragos que no te has bebido?
Lo importante sería prepararse para la batalla final y dejar de lado el maniqueísmo con el cual te han manipulado desde siempre los "terminators" que pretenden acabar con nuestra existencia.
Puede que sea la hora ya de empezar a encarnar al ladino lobo del cuento de la Caperucita, y dejar de ser El Zorro.
Después de todo, el lobo vive…Algunos piensan que el leñador verdaderamente lo mató en el cuento, luego de que se comió a la Caperucita.
Eso es un cuento…el lobo vive. Por los siglos de los siglos, amén…

Bajaste duro y curveo, Zorro-lobo
ResponderEliminarBravo, me complace hoy y a esta hora del día de hoy, leer este lujo expresivo, que retrata de cuerpo entero, la sintaxis de su léxico. Lástima que el rosca izquierda del blog, no se alimente -literalmente- de este reconstituyente filosófico, que debería embarazar positivamente a los más estériles pájaros de mal agüero, que su sino lo hacen ser despreciable, por empecinarse en ser al revés, en su retrograda vida de comemierda.
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