El reciente caso que involucra a los exponentes urbanos "Shupamela" y Menor Queen, con la supuesta grabación de un video musical dentro de una escuela, ha encendido nuevamente las alarmas sobre el rumbo que está tomando parte de la
industria musical en nuestro país.
El propio Ministro de Educación, Miguel De Camps, ha ordenado una investigación, lo que refleja la gravedad de lo ocurrido y la necesidad de actuar con firmeza.
No se trata solo de un hecho aislado. Este tipo de producciones forma parte de una cadena de contenidos que, disfrazados de entretenimiento, están intoxicando el corazón de nuestros niños y adolescentes, arrebatándoles la inocencia y normalizando conductas que en nada contribuyen a su formación como ciudadanos responsables.
Es tiempo de llamar las cosas por su nombre: la música que degrada, vulgariza y convierte la violencia, la promiscuidad y el irrespeto en símbolos de éxito, no es arte, es contaminación cultural. Y el costo lo estamos pagando todos como sociedad.
Desde esta tribuna, hago un llamado enérgico a la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos, a los medios de comunicación, a las radiodifusoras, a las plantas televisivas y a todas las entidades reguladoras y difusoras de contenidos, para que cumplan con la responsabilidad histórica que les corresponde: Poner un freno definitivo a la propagación de mensajes que erosionan los valores familiares, educativos y sociales.
Asimismo, es urgente que se revisen los mecanismos de control en las redes sociales, donde cada día nuestros jóvenes consumen sin filtro un mar de imágenes y letras que no forman, sino que deforman. La libertad de expresión no puede convertirse en excusa para el libertinaje que está marcando de manera negativa a toda una generación.
Basta ya de mirar hacia otro lado. La defensa de la niñez y la juventud no puede esperar más. Es hora de arrancar de raíz este mal que avanza como un cáncer silencioso, minando lo más sagrado que tenemos: el futuro de nuestros hijos.
La sociedad demanda acciones firmes y coherentes. El arte y la música deben ser vehículos de crecimiento, de inspiración y de valores, no de degeneración cultural.





Ojalá Ana Bertha que leas esto y me conteste si quieres, usted piensa que puede colocar control un Gobierno unos funcionarios sin Moral, usted piensa que son los tiempos de Zaida, vamos a vivir la realidad, este género musical tiene décadas ya y en el gusto de nuestros jóvenes, el zorro lo sabe usted cre que esto parará aquí ? Son decenas de temas a diario y un tema desplaza a otro al valor, sin calidad Pero contagioso su ritmo y utilizando el lavado que usaron los merenguero en los 80 el lavado de drogas , olvídate de la moralidad, usted también es mujer y por ende por más posee que tengas, eres otra fueron esos jóvenes encontraron el misterio que vender, el Sexo, la violencia y las drogas y saben que usted maja también
ResponderEliminarLoca Tirsita Tamakun Rafaelina y en dónde encontraste ese artículo para reproducir aquí?
EliminarJajajajaja jajajaja jajajaja jajajaja jajajaja jajajaja...no se por que este artículo me causa tanta risa
ResponderEliminarPD: me gusta porque se parece a MIRIAM CRUZ...y yo deliro por "llevarle un pedazo" a MIRIAM CRUZ
En la suciedad (sociedad) en la que vivimos, ese tipo de hechos son los que resaltan, un ejemplo tangible es el caso de ALOFOKE, a donde ha llegado este energúmeno
ResponderEliminarque ha sido la secuela de los desgraciados desgobiernos del PLD, ahora el PU_PU, de Ladronel F. Ruina. Esa generación, nacieron en esa "BATAJOLA" de la cultura del NA'E'NA', QUE ESOS LADRONES IMPLANTARON EN EL PAIS.
Gracias a Shupamela, ya se olvido Senasa, los puentes cayendose, el jet set y todos los problemas de corrupcion.
ResponderEliminarANA BERTHA...
ResponderEliminarno es necesario decir que eres "periodista"...ni mucho menos que tienes un máster...Pero eres bonita o estás muy bien maquillada.