Aunque prefiero las canciones “Como un bolero” de José Antonio Rodríguez o “Te busco” de Víctor Víctor, realmente hay que reconocer que Bad Bunnyes un fenómeno en todo Occidente. Un artista que ha superado barreras y que se convierte, si no en el más importante en este momento en términos de audiencia y seguimiento, en uno de los más influyentes. De personalidad interesante y familiar, hace referencia constante a su madre, a su Puerto Rico y, también, a América Latina y a la tradición hispana que compartimos. Es lo que se llama un “alpha” dentro de la manada.
Para nosotros, de cierta edad, entender su fenómeno nos ha resultado difícil. En mi generación podemos llegar a considerar sus letras vulgares y su música demasiado simple. Podemos verlo varias veces y aun así se nos hace cuesta arriba lograr que nos guste o nos apasione dedicar tiempo a escucharla.
Sin embargo, en los jóvenes ese fenómeno responde a otros criterios. Tal vez más profundos. Las nuevas generaciones valoran la autenticidad. Ven en Bad Bunny a alguien que no intenta encajar en moldes preestablecidos, sino que se muestra tal cual es "sin filtro", con una energía natural que crea una conexión directa con su público. A esto se suma un fuerte sentido de identidad cultural: expresa orgullo por su origen puertorriqueño y por su condición de artista latino, utilizando su voz para reflejar realidades sociales que muchos jóvenes reconocen como propias. Escucharlo hablar de política, por ejemplo, parece ser más revolucionario que muchos que presumen de serlo.
Asimismo, su capacidad de romper estereotipos proyecta un mensaje poderoso. Encierra la idea de que se puede ser diferente sin pedir permiso y que la individualidad es una fortaleza, que está bien ser uno mismo. Es más bien, para muchos, irreverente. De música y palabras simples, escasas de poesía y propensas a que las destruyamos con nuestro complejo intelectual. Sin embargo, sus canciones se convierten en un espacio donde los jóvenes encuentran formas de expresar emociones y aspiraciones en un lenguaje que sienten cercano. Valdría preguntarse por qué no lo juzgan como nosotros. ¿Dónde está la desconexión de nuestra generación con la que nos sigue?
El Conejo Malo, como le suelen decir, podrá gustarnos más o menos, pero su éxito es innegable: ha logrado trascender barreras que muchos de nosotros creíamos imposibles. Influye enormemente en el comportamiento de los jóvenes, en su vestir, en su visión sobre la vida, la identidad, el sexo y el trabajo. Mil veces repite lo que siempre decía su madre: que seamos buenas personas. Para algunos eso no basta; para otros es más que suficiente para respetarlo durante toda la vida.
En el Super Bowl tal vez lo importante no era su música ni sus letras, se trata del poderoso mensaje.
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