En el 1995, cuando inicié el programa Merengala en Radio Televisión Dominicana, (acabada de remozar por una donación del gobierno japonés, y bajo la dirección de George Rodríguez) la planta televisora, con toda la modernidad de que fue dotada, no tenía la posibilidad de proveerme los equipos necesarios para yo sustentar una producción tan ambiciosa.
Me había gastado 300 mil pesos (que para la época era mucho dinero), en una escenografía deslumbrante, cargada de luces de neón, simbolizando una tambora y una gira, que me confeccionó el escenógrafo Angel Dotel, quien "se botó" en ese trabajo, y que en paz descanse.
Los bumpers los ordené a una empresa que me recomendó Iván Ruiz, quien también tenía un programa en el canal 4. En esa época para los readers se programaban hasta 24 horas en un minuto de creación en 2D o 3D. En los bumpers del programa hice otra gran inversión, pues quería salir por todo lo alto. Esa calidad me valió poder transmitir el programa en Nueva York y Puerto Rico.
De igual manera le compré a los chinos de Nueva York una cámara nueva, y un grabador, con los que se grababa las comedias, en un estudio que hice en el pent-house donde residía en la avenida 27 de Febrero.
Pero esa cámara no estaba en capacidad de darme la calidad que se esperaba para un programa que tenía como eslogan “La gala del Merengue”, donde las orquestas participantes no podían ir vistiendo “camisetas chinas”, en tenis ni en chancletas.
Tuve la suerte de que el amigo Negro Santos, productor del programa internacional “Santo Domingo Invita”, se enteró del proyecto, y me llamó y me puso a la disposición toda su plataforma, con sus estudios e islas de edición en la Avenida Bolivar.
Me facilitaba sus cámaras 3 CCD Betacam, valoradas cada una en 35 mil dólares.
Eso si, tenían que ser operadas por sus camarógrafos, porque era un equipo muy costoso. A un punto tal, que me llegó a exigir un seguro por el uso de ese servicio, pues quería protegerse de que en una grabación en la calle, se aparecieran unos tígueres en motocicletas y se la llevaran.
Por suerte, lo convencí de que no me hiciera cumplir esa exigencia.
Mucho que lo usé, grabando entrevistas con Manuel Tejada, en su estudio de Arroyo Hondo, como arreglista de ese álbum de El Mayimbe, que dicho sea de paso lo puso a cantar afinado.
Porque estrené el programa con la producción “Confundido” de Fernando Villalona.
Por mucho tiempo estuve editando en tecnología digital en los estudios de de Negro Santos, usando sus cámaras, y no me cobró ni un centavo. Mi eterno agradecimiento.
Mi productor ejecutivo era el colega Salvador Sánchez, quien venía de haber trabajado con Angel Puello en El Show de Isha.
Hoy día la tecnología ha abaratado las cámaras, y muchos canales usan cequipos de 2,000 dólares, que se consiguen en Amazon.
El único canal que aquí tiene cámaras de estudio profesionales, broadcast, es Telemicro, aunque ya datan de otros tiempos. Los demás usan en sus estudios portables, para camarógrafos, que con el avance tecnólogico, dan buena señal, aunque no lo óptimo.
Un Hyundai te mueve, al igual que un Mercedes, pero no es lo mismo ni es igual.
Y como yo investigo, (no que me digan, ni me cuenten), las cámaras de alta gama para estudio de televisión, andan en un rango de 50 mil a 100 mil dólares. Y no cualquiera le mete el diente…
Después de todo, hay que arroparse hasta donde la sábana alcance, porque como dice la famosa cuarteta del poeta español del siglo XIX Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.
Y para rematar, yo concluyo con una expresión proverbial, sin anatemas simbióticóticos ni sinérgicos:
¡Chupe usted, y déjeme el cabo!


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