A menudo, cuando estoy en Instagram, hipnotizada por el torrente de videos, el rostro de una actriz se abre paso entre la multitud. No se trata del típico clip de una rueda de prensa ni de la alfombra roja. En su lugar, aparecerán imágenes de la estrella, una más joven y otra más reciente. A continuación, un creador de contenidos —quizá un médico o un esteticista, a veces con bata— me explicará qué procedimientos cosméticos cree que se ha hecho la actriz. (Es mucho menos frecuente que los hombres reciban este tipo de análisis).
El tono de estos mensajes suele ser elogioso. El creador de TikTok o YouTube se deshace en elogios sobre el maravilloso aspecto de la actriz, al tiempo que describe cómo supuestamente se ha sometido a:
Bótox
un lifting temporal de cejas
una blefaroplastia superior (cirugía de párpados)
una rinoplastia
un lifting facial medio
y relleno de labios
Todo son conjeturas, pero estos creadores hablan con cierto nivel de autoridad, respaldan sus argumentos con imágenes y señalan las zonas que suponen alteradas.
Se trata de una tendencia en las redes sociales, confusa y extrañamente fascinante, que encuentra tanto a profesionales médicos como a aficionados intentando hacer un trabajo detectivesco sobre los rostros de las famosas.
Emma Stone se ha convertido en un blanco frecuente de estos detectives desvergonzados. Margot Robbie, Jennifer Lawrence y Anne Hathaway también lo son. Y aunque gran parte del material proviene de cirujanos plásticos o profesionales de la estética que, esencialmente, están anunciando sus servicios, estas publicaciones también funcionan como una forma de entretenimiento, en parte porque reclutan al público para sus investigaciones. Los fans piden videos de determinados famosos en la sección de comentarios. En esencia, las publicaciones te piden que participes en un juego de “detecta la diferencia”, con seres humanos reales como rompecabezas.
También pretenden ofrecer una visión de un mundo en el que, con mucho dinero y acceso, puedes cambiar tu aspecto de formas pequeñas pero impactantes. Hay un elemento de ruptura de tabúes al hablar abiertamente de lo que a la mayoría de las estrellas les gustaría callar. Y, sin darse cuenta, estos creadores relatan cómo cambian los cánones de belleza y las tendencias en un plazo relativamente corto, a medida que las estrellas gestionan su imagen y crecen en sus carreras. La delgadez ahora está de moda y los rasgos más rellenos, como las mejillas redondas y regordetas, se sustituyen por otros, más huecos, obtenidos mediante la eliminación de grasa bucal.
Pero estos comentarios de internet a menudo ignoran otras razones por las que los rostros pueden alterarse con los años, como el envejecimiento, el embarazo o incluso el maquillaje (un buen contorneado puede ayudar mucho). Escogen fotos del antes y del después que respalden sus argumentos, en lugar de otras que podrían complicarlos. Como dijo Sydney Sweeney en una entrevista con Allure, al señalar que nunca se había operado: “No puedes comparar una foto mía de cuando tenía 12 años con otra a mis 26, con maquillaje e iluminación profesionales”.
Por supuesto, hablar de si una actriz se ha puesto inyectables o se ha sometido a cirugía plástica forma parte de una larga tradición de juzgar el aspecto de las mujeres. En la época anterior a Instagram y TikTok, esto solía quedar relegado a las páginas de los tabloides y de las revistas de chismes, donde se criticaba a las estrellas por su aumento de peso y su celulitis visible. El regreso de Renée Zellweger como Bridget Jones en 2016 se vio empañado por acusaciones de que ya no parecía Bridget Jones debido a su supuesta “operación”. Ella negó haberse sometido a ningún procedimiento.
Al mismo tiempo, parecía obvio que algunas estrellas habían alterado tanto su rostro que sus carreras se vieron afectadas. A principios de la década de 2000, los retoques eran tan notables que la crítica de cine del Times Manohla Dargis escribió: “Nuestras pantallas están repletas de labios extrañamente rellenos y pechos tan redondos que parecen dibujados con transportador”. En una industria reacia a permitirles envejecer con gracia en papeles de mayor edad, muchas simplemente desaparecieron de nuestras pantallas.
Hoy en día existen formas más sutiles, como el bótox, de evitar la flacidez y, en algunos casos, hay menos estigma en torno a la idea de someterse a la aguja o pasar por el bisturí. Kris y Kylie Jenner, madre e hija, han pregonado con orgullo sus procedimientos, y Kylie incluso compartió los detalles de su aumento de pecho en un comentario de TikTok.
Y quienes han forjado sus carreras transformándose en personajes son cada vez más sinceras. Denise Richards permitió a Allure publicar las fotos del antes y el después de su reciente estiramiento facial. En una entrevista con The New Yorker, Lawrence explicó que no quería rellenos porque se ven en cámara, pero que se pone bótox aunque sabe que tiene que usar la frente en sus actuaciones. Kate Hudson declaró a The New York Times que se había abstenido del bótox para interpretar a una cantante de una banda de versiones de Wisconsin en Song Sung Blue, papel por el cual fue nominada al Oscar.
Parece revelador que las publicaciones en redes sociales que analizan los rostros rara vez se centren en las mujeres en su trabajo principal: actuar. Y quizá sea porque mirarlas sin el glamour de la alfombra roja podría distraer de la narrativa que los creadores de contenidos impulsan. Es difícil discutir que Lawrence tiene un aspecto impecable como madre primeriza que experimenta un brote psicótico en Matate amor. Lo mismo puede decirse de Stone en su papel en Bugonia, por el cual fue nominada al Oscar, de presidenta ejecutiva secuestrada, con la cabeza afeitada y la piel untada en crema.
Al mismo tiempo, estos videos pueden cambiar la forma en que observamos los rostros y, por tanto, la forma en que vemos las películas. Han introducido en el léxico términos como blefaroplastia, reducido a un cursi “blef”. Han pedido a la gente común que juegue a “te pillé” mientras las elecciones íntimas se convierten en forraje para la interminable vorágine de medios de comunicación desplazables. Están adiestrando insidiosamente nuestra mirada para que busque discrepancias, algunas de las cuales pueden deberse a procedimientos cosméticos y otras simplemente a la forma en que el tiempo moldea el cuerpo.
En cuanto a las mujeres, esto las deja atrapadas en la misma situación sin salida de siempre: intentar sobrevivir en una industria que sigue valorando la juventud y la belleza, pero que también mira de reojo cualquier cosa que no sea ostensiblemente natural. Tanto si intentan ser lo más discretas posible como si admiten los cambios, seguirán siendo objeto de especulaciones y chismes.
Después de los Oscar, Anne Hathaway publicó un video en el que mostraba cómo su peluquero le hacía dos pequeñas y discretas trenzas a cada lado de la cara, cerca de las sienes, y las echaba hacia atrás, con lo que conseguía un efecto no muy distinto al de un estiramiento facial. “Y pareces un poco más despierta”, dice Hathaway con una sonrisa. ¿Es suficiente para acallar a los críticos de butaca que han hecho de su rostro uno de sus objetivos? Probablemente no.


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