¡Quiero rabo!
Tengo
un amigo que emigró a los Estados Unidos hace 15 años, que en base a
su esfuerzo y capacidad de trabajo y su emprendurismo ha logrado una
envidiable posición económica, acumulando una gran fortuna en la bolsa
de valores y una cadena de negocios de incidencia en el mercado
norteamericano.No lo conocí aquí, sino en una ocasión en que viajé a Miami y adquirí un vehículo en uno de sus dealers, estableciendo con él una amistad que se acrecentó en términos hasta familiares.
Tras muchos años sin venir al país, decidió pasar aquí unas vacaciones, pero a nivel de pueblo, no "encerrado en un resort viendo turistas y visitantes extranjeros", como nos decía.
Como
conocedor del mundo de la diversión y el espectáculo, cargué con la
responsabilidad de llevarlo a lugares populares, como discotecas,
lounge, y en cuanto a playa quería que lo lleváramos a Boca Chica, no
al hotel Hamaca, sino a la parte donde está “el grajo”.Pero, las amigas que nos acompañaban, se negaron rotundamente a bañarse en esa “plebería”, de "tigueres" y de "la chusma"según decían, pues no era verdad que iban a ponerse sus bonitas tanguitas, en una playa paupérrima que se ha dañado.
Bueno, la idea fue de él, no mía, y había que complacer a las bellas damas.
Así que sugerí la aventura de ir a Bahía de las Aguilas en Pedernales, donde cada año vamos siempre en Semana Santa en el tour de Luis Medrano.
Aceptaron todos, y hacia allí nos dirigimos, con la promesa de disfrutar de una playa virgen considerada de las mejores del mundo “made in Dominican Republic”.
iniciamos la travesía feliz por el Sur profundo. Pero cuando llegamos a Azua, de donde es el amigo, nos tuvimos que detener en algunos sitios que él quería ver. Entre ellos un comedero, (pienso que era en el mercado), atestado de gente, donde había una señora vendiendo comida criolla. Ahí quería comer.
Le dije, oye, mejor vamos al restaurant de los Ruiz, los de la envasadora de Agua Buena, familia de mi ex esposa. ¿Por qué comer aquí?.
Pero no hubo forma de convencerlo.
El amigo se sirvió un plato con arroz, habichuela, y una ración de pollo guisado que era una especie de mezcla con “pico y pala”, y se sentó en una esquinita de la enramada, arrellanado en un promontorio, como si se tratara de un restaurante de lujo, comiendo con un gusto y un sabor que hasta envidia daba.
¡Hasta un perro había allí velando los huesos, rascándose con una pata tratando de quitarse las garrapatas!.
Las muchachas, que son de las “chicas fofó” de Bella Vista estaban asombradas, murmurando un “wákala”, mientras el amigo comía.
Los demás clientes también miraban con cierta curiosidad aquel señor que no era de su clase, vestido como un jugador de golf, que había llegado en un jeepetón blanco Land Rover a comer con ellos "la bandera dominicana" acompañada de un refresco rojo.
Las muchachas no comprendían aquello, y se fueron a esperarnos en la jeepeta, supongo que para aprovechar y "acabar" con el amigo que se mostraba con "tan baja clase".(¡Asco ché, comiendo en un mercado!)
Yo si lo comprendí…ese amigo tenía dinero para comprar todos los negocios juntos que habían en esa plaza y levantar una torre de más de 30 pisos como si nada.
Pero se detuvo allí a recordar sus tiempos de pobreza, en que tenía que comer en el lugar en la época "de prángana" en que no había comida en la casa, y masticaba hasta los huesos sin dejarle nada al perro.
Se fue a re-encontrar con sus raíces, con la realidad que le tocó vivir en otros tiempos, y que le permiten ahora ser millonario en dólares y mantener la humildad, la sencillez de siempre. El sentido de la caridad y de amor al prójimo que lo definen como un gran hombre de bien.
Es caritativo y humanitario, porque él vivió una pobreza que no olvida y de la cual no se desarraiga y trata de mantener siempre presente.
Y entonces escuché a las muchachas murmurar “este hombre si tiene clase”.
Y recordé el verso de Campoamor que dice: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color, del cristal con que se mira”.



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NIURKA BAEZ,
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