martes, 5 de mayo de 2026

LO UE DICE ANGEL PUELLO

 


Leí un informe sobre el auge de los contenidos breves en redes sociales y descubrí algo que todos estamos viviendo… pero pocos están entendiendo

Por Ángel Puello

No soy especialista en neurociencia pero si recibo entrenamientos sobre el comportamiento digital. Hace unos días leí un informe sobre el consumo de videos cortos —de esos que vemos a diario en redes sociales, en YouTube, Tik Tok , Instagram, en plataformas digitales en general— y sentí la necesidad de profundizar.

Porque lo que está pasando no es casual.

Vivimos en la era de los videos breves. Reels, Shorts, clips de segundos que aparecen uno tras otro sin que tengamos que buscarlos. Es una tendencia global, masiva, poderosa… y, bien utilizada, incluso útil. Informan, entretienen, conectan.

Hasta ahí, todo bien.

El problema comienza cuando ese consumo deja de ser una elección… y se convierte en un impulso automático.

Al revisar más a fondo, encontré que distintos estudios coinciden en algo clave: el uso excesivo de videos muy cortos puede generar cambios en la forma en que funciona nuestra atención, nuestra capacidad de concentración y nuestro autocontrol. No porque el formato sea malo, sino por la manera en que lo estamos usando.

El cerebro se adapta a lo que le damos todos los días.

Y los videos cortos tienen una característica muy específica: son rápidos, intensos y altamente gratificantes. Cada uno genera una pequeña sensación de recompensa. Y cuando esa recompensa se repite constantemente, el cerebro empieza a pedirla con más frecuencia.

Ahí es donde aparece el riesgo.

Investigaciones han señalado que este tipo de consumo continuo puede hacer que disminuya la tolerancia a actividades que requieren más tiempo, más enfoque, más paciencia. Es decir, poco a poco nos cuesta más concentrarnos, más terminar tareas largas, más sostener una idea.

No es que nos volvamos menos capaces.
Es que nos estamos entrenando para lo inmediato.

Y eso tiene consecuencias silenciosas.

Algunos análisis también apuntan a que este patrón puede influir en la impulsividad y en la forma en que regulamos nuestras emociones. No de un día para otro, sino de manera acumulativa. Minuto a minuto. Scroll tras scroll.

Fue ahí donde me hice una pregunta incómoda:
¿Estoy consumiendo contenido… o el contenido me está consumiendo a mí?

Porque hay una línea muy fina entre entretenimiento y dependencia.

Y aquí es importante ser justos: no se trata de demonizar los videos cortos. Sería absurdo en un mundo donde la comunicación evoluciona constantemente. Este formato llegó para quedarse, y bien utilizado puede ser una herramienta poderosa de aprendizaje, marketing y conexión.

El punto no es eliminarlos.

El punto es evitar la adicción.

Porque cuando el uso se vuelve excesivo, cuando ya no controlas el tiempo, cuando dices “un video más” y terminas perdiendo una hora… ya no es contenido, es hábito automático.

Y los hábitos, aunque no los veamos, construyen o destruyen nuestra forma de pensar.

Al final, todo se resume en algo sencillo: equilibrio.

Puedes disfrutar de los videos cortos, aprender de ellos, incluso usarlos a tu favor. Pero también necesitas espacios de profundidad, de concentración, de pensamiento más largo. Porque si todo en tu vida es rápido, inmediato y fragmentado… tu mente terminará funcionando exactamente así.

Y no porque esté fallando.

Sino porque se está adaptando.

Esa es la parte más importante de todo esto.

Tu cerebro no es el problema.
El entorno que le estás dando, sí puede serlo.

Y lo mejor de todo es que eso… todavía está en tus manos cambiarlo.

angelpuello@gmail.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Se valora el envío de comentarios no ofensivos apegados a la moderación.
NIURKA BAEZ,
Moderadora de comentarios