La segunda vez en que viajé a Viña del Mar para participar en su famoso festival (febrero de 1994) en el hotel donde me alojaron se encontraban también algunas celebridades invitadas.
No era el tradicional O’Higgins, el más antiguo de Viña del Mar, en la región de Valparaíso, donde había estado en una ocasión anterior, (febrero de 1990), que me tocó una habitación al lado de la suite de Luis Miguel, que las fanáticas agolpadas en la calzada exterior no me dejaban dormir.
Pues esa segunda vez me alojaron en un hotel más exclusivo, alejado del ruidoso centro, situado al cruzar el rio Manzanares.
Desde la ventana de mi habitación de repente vi el aparataje de automoviles que llegaron de los que rapidamente se desmontaban agentes de seguridad que establecieron un cordón alrededor de una limusina.
”Bueno, parece que llegó el presidente,” pensé.
Pero que va…era Donna Summer, una de las atracciones del festival que llegaba al hotel.
A mi memoria llegaron sus grandes éxitos de la época de la música disco: Love to Love you Baby, I Feel Love, Last Dance, Bad Girls, On The Radio, The Hostage, Hot Stuff, MacArthur Park.
Cuánto había bailado en la discoteca VIP en la Winston Churchill, en Waldos en el hotel Jaragua, en Hunka Munka, jangueando con Teo Veras y los melómanos de la época con los grandes éxitos de la indiscutible reina de la música disco, que en ese momento llegaba con su aparataje.
Un despliegue realmente exagerado, pensé.
Y lo grande del caso es que no había nadie esperandola. Su llegada pasó desapercibida, diferente a lo que ocurre en el hotel O’Higgins donde ”las lolas”, como les dicen a las teenagers en Chile, permanecen día y noche alrededor del hotel para ver de cerca a los artistas que llegan al Festival de Viña del Mar.
Pensé en que si la Summer hubiese llegado allí hubiera tenido un mejor ”verano”, pero al llevarla a otro hotel le dañaron el montaje de la llegada.
Vi a la pobre Donna Summer rodeada de todos los security caminando hacia la entrada del hotel como sorprendida de que no hubiera allí ni siquiera un paparazzi. Y ella haciendo un papelazo con tanta seguridad.
Aunque era admirador de Donna, no pude evitar disfrutar del ”guayubín” que se había dado la artista.
Pensé que para la próxima debía exigir en el contrato que la alojen en el hotel O’Higgins.





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NIURKA BAEZ,
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