sábado, 27 de junio de 2026

VENANCIA GRANGERARD




A propósito de besos teatrales y de las situaciones que se presentan en la actuación, una de las experiencias más comprometedoras en mi época de actor de teatro fue la ocasión en que Rafael Villalona me escogió para el papel protagónico de la obra brasileña "El Pagador de Promesas".

Nuevo Teatro tenía su local en una vieja casona de la zona colonical, donde operaba la academia y el taller de ensayos.

Para mí fue una experiencia fascinante la de ser dirigido por Villalona, quien había retornado al país luego de haber hecho estudios teatrales en la antigua Unión Soviética.

"Pirámides 169", de Máximo Avilés Blonda, con la cual viajé a Colombia y "Tres Historias Para Ser Contadas" de Osvaldo Dragún, fueron las dos primeras obras en que estuve en escena dirigido por el reputado y respetado director teatral.

Los recortes de periódicos de las críticas de esa época dan fe y testimonio de los niveles de ponderación que alcanzaron los papeles que encarnaba en esas producciones.

Fue por ello que Nuevo Teatro, la compañía más vanguardista de finales de los 60 y principio de los setenta, me concedió el rol protagonico de "El Pagador de Promesas", donde tenía que hacer un papel muy singular de un personaje que era un conquistador de mujeres, vaya usted a ver.

La destada actriz y publicista Venancia Grangerard encarnaba un personaje de una atractiva mujer a la cual tenía yo (el personaje) que seducir.

Venancia Grangerard pertenecía a la elite del teatro, al denominado grupo de actrices de las ”narices paradas”, en la época del arte aristocrático y burgués que tanto criticábamos los actores vanguardistas y contestarios.

Debo confesar que me sentía impresionado con aquella monumental mujer, a la cual tenía que abrazar y besar como parte del montaje.

Una actriz a la que veía tan alta, y sin embargo teniéndola de repente en mis brazos por la magia del teatro. (Estoy hablando de la segunda mitad de los años 60. Yo un  muchacho)

El director me ordenaba, !abrazala!, !bésala!, !chuleala!, no le temas!

Hablando a la franca, debo confesarles que es un verdadero trance el que se vive en esos momentos teniendo tan de cerca a la actriz, a la mujer, sintiendo su aliento fresco, oliendo su perfume, sintiendo su fino pelo, su piel.

Imposible evitar experimentar excitaciones que aún cuando necesariamente hay que controlar, como parte de la disciplina y los principios que rigen el arte de la actuación, paradogicamente con una adecuada canalización se constituyen en elementos que enriquecen la creación del personaje.



Sobre todo porque Nuevo Teatro se regía por el método de actuación de Sergio Konstantin Stanislavskyi que lleva a los actores a vivir y a recrear la trama de los personajes de la obra.

No se pueden imaginar las sensaciones y las palpitaciones que aquellos momentos de ensayos me provocaban.

Como les digo, tenía que vivir con intensidad la trama del personaje, pero a la vez controlar los instintos aflorando a cada instante.

Una vivencia intensa, en un desdoblamiento no apto para profanos…

A cualquiera que no tenga dominio se le ”funde” el cerebro...

Lo viví, y sé de eso…nadie me lo contó.

Y como cololario de lo antes dicho. Venancia era la esposa de Max Pou, el fotógrafo más renombrado de la época, que fue mi profesor en la escuela de periodismo. 

El que me enseñó a tomar fotografías en téminos profesionales.

En su historia fue quien integró en el 1952 la primera promoción de técnicos entrenados por la RCA, que tendría a su cargo la dirección de los primeros canales de TV en el país (HIT-TV, Canales 4-9 y 2), hoy Radiotelevisión Dominicana. (Antes el canal 9 de Color Visión, y el 2 de Teleantillas, eran de RTVD, que los usaba como retransmisores para el interior del país. Color Visión y Tele-Antillas, no existían)

Max Pou en 1954 dio sus primeros pasos como productor y poco después fue designado oficialmente productor y director de programas de La voz Dominicana.

Sus hijos son Laura, Máximo, Patricia, David y Pablo.

Y pensar que en el teatro, yo fui un conquistador de su madre.

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NIURKA BAEZ,
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