jueves, 13 de agosto de 2026

ARTE NACIONAL


Las marcas industriales son tan celosas de las características que les peculiarizan, que algunas, como la motocicleta Harley Davidson, procuraron patentar su sonido, para que ninguna otra moto lo pudiera imitar.

Se encontraron con la oposición de las japonesas Honda, Yamaha y Kawasaki, que emprendieron una batalla legal durante seis años, y lograron que la Harley no pudiera registrar su sonido como marca propia.


Lo mismo sucedió con Ferrari, a la que tampoco se le admitió un registro del sonido de su motor.


El asunto viene a cuento a propósito del tema de la piratería que se ha desatado en el arte, con el desarrollo de la Inteligencia Artificial.


Gente que no son compositores, ni cantantes, están aprovechando la IA para hacer canciones que monetizan a través de su difusión en las redes sociales.


Hasta las premiaciones musicales han tenido que poner atención al asunto, con propuestas de nominaciones de canciones que marcan millones de views y likes, hechas con herramientas de inteligencia artificial de sustracciones de letras y acordes de temas originales, protegidos por los derechos de autor.


Hay un auge de eso, y nuestro país no se queda atrás.


Lo interesante sería saber qué está haciendo  la Oficina Nacional de Derecho de Autor (ONDA) para enfrentar la oleada de piratería digital.


¿Está preparada y capacitada para esa tarea?

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NIURKA BAEZ,
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