Mi querido Ramón Orlando Valoy, hermano del alma, una superestrella total en cada dimensión del arte, como compositor, como arreglista, como cantante y como músico, a quien no solo quiero, sino a quien admiro, respeto y atesoro con el más elevado valor como ser humano.
Tú, que estás pasado de bueno, que has hecho vibrar conmigo los escenarios más emblemáticos de esta tierra de gracia, Chavón, el Palacio de los Deportes, Bellas Artes, el Teatro Nacional y tantos recintos icónicos donde siempre hemos dejado multitudes afuera, atrapadas en el umbral por la fuerza arrolladora de tu inmensa popularidad, de tu indiscutible calidad artística y de esa trayectoria inmaculada sembrada de tantas páginas musicales memorables.
Reflexionando con el rigor y la cercanía que nos da el camino andado, quiero compartirte un pensamiento fraterno sobre el anuncio de tu concierto conmemorativo de tus cincuenta años en la música.
Vivimos tiempos donde la naturaleza se transforma en un parpadeo, donde la lluvia y las ráfagas de viento se desatan sin previo aviso, retando cualquier planificación al aire libre.
Ante ese panorama, el análisis frío y prudente de la logística nos exige mirar con cabeza fría antes de decidir.
Tú ya has recorrido la geografía de la gloria y has demostrado el poder convocante de tu arte.
El Palacio de los Deportes, hoy Arena Banreservas Virgilio Travieso Soto, lo llenaste hasta desbordarlo en dos ocasiones consecutivas, dejando tanta gente fuera que el público pedía a gritos otra fecha que ya no cabía en el calendario.
El Palacio de Bellas Artes fue testigo de siete noches consecutivas de lleno total, con el alma entregada al arte elevado.
El Teatro Nacional quedó reventado en su máxima expresión de elegancia y fervor popular.
El Gran Teatro del Cibao fue consagrado por el calor inconfundible de nuestra gente del norte, y el Teatro La Fiesta del Hotel Jaragua quedó marcado por noches inolvidables de alta alcurnia musical.
Pensar hoy en el Estadio Olímpico implica enfrentar realidades técnicas titánicas. Montar un espectáculo de esa magnitud en dicho recinto exige superar obstáculos casi insalvables.
Se requieren seis mil metros cuadrados para cubrir las estructuras, un material especializado que no existe en el país, y aunque existiera, el costo del alquiler sería tan elevado que ni siquiera te permitiría cubrir los costos del evento.
Se necesitan otros seis mil metros cuadrados para proteger la grama de manera impecable.
Los costos de alquiler y traslado de esos dos materiales son tan altos que resultaría prácticamente imposible recuperarlos, antes de colocar una sola bocina, una sola luz o una sola nota musical.
Ningún evento sensato puede arrancar cargando con una mochila financiera de esa naturaleza por el atractivo momentáneo de un espacio abierto expuesto a las veleidades del clima.
Por todo esto, mi consejo de hermano, de compañero de batallas en la cultura, es que traslades esta gran celebración de tus cincuenta años a la Arena Banreservas Virgilio Travieso Soto.
Ese es el escenario moderno, perfecto e idóneo.
Ahí tus fanáticos, los que te idolatran, los que te admiran y los que llevan tu música grabada en el corazón, podrán disfrutar de ti en toda tu magnitud, viendo a esa superestrella que sabe dominar las tablas como nadie.
Te vas a sentir mejor, tu público vivirá una experiencia íntima, segura, imponente y arropada por el calor humano, sin los riesgos caprichosos de la intemperie ni costos de producción irreales.
Y si al final tienes que cambiar la fecha para llevar esta celebración a la Arena Banreservas Virgilio Travieso Soto, hazlo sin dudar.
Te sentirás feliz, más tranquilo, y sobre todo te garantizas lo más importante que tiene un ser humano, tu salud, y ese camino construido de altísimo nivel artístico que no puedes poner en juego, porque es tu legado a tu familia, a tus hijos, a tus amigos y al país.
Hazme caso, hermano, escucha este latido. Vuelve a la Arena Banreservas, revienta la casa por todo lo alto como solo tú sabes hacerlo, y te acordarás de este amigo que te quiere, te respeta y camina contigo en la trinchera sagrada del arte popular.
Luis Medrano





Negativo coño, allí hay invertido millones de pesos en esas instalaciones y ya en el juego de puerto Rico y dominicana delincuentes causaron daños a las instalaciones, yo el Jay payano me opongo a esa aberración que usted Medrano sugiere.
ResponderEliminarCuando alguien comienza alabandote, cógele miedo. Primero te pasan la manito con halagos, subiendote el ego hasta la estratósfera, luego te dan el fuetaso, ese el verdadero fin del comentario o analisis, cuando por fin van al grano,. Luego cierran con un halago mas leve o un “consejo sano y sincero”.
ResponderEliminarOtro tipos de introducciones a las que hay que cogerle miedo es a lo que dice despues del “pero”:
-Nadie ha defendido mas a fulano en esta vida que yo, bla bla bla..
Pero…
-No hay nadie en este pais mas fanático de fulano que yo, bla bla bla
Pero…
Una persona a la que yo siempre he admirado, respetado y siempre he tenido un gran aprecio es fulano bla bla bla
Pero…
Cuando usted escucha que inician alabando a alguien, espere el pero. A partir del pero es que comienzan las verdaderas intenciones.
EN OTRAS PALABRAS...
ResponderEliminar"Maestro"...recuerde que lo mío es un 45%....