Pensaba que la producción de los premios Casandra en sus 25 años sería otra cosa.
Puedo decir que en El Casandra se han hecho mejores cosas.

Salvo algunos puntos luminosos, la producción del evento transcurrió de manera lenta, esquemática, cansona, a tal punto que hubo gente que estaba sentada en la sala que se levantó de sus asientos para ir al lobby del teatrro a "bota el golpe".
Las expectativas que se habían creado en las bodas de plata del premio se desinflaron rapidamente con ese ''palo acechao" que Aidita Selman le propinó a la gente. Aunque algunos que se dejan deslumbrar facilmente se lo encuentren bien.
Empezando por el guión de los diálogos incorporados para los presentadores y encargados de anunciar los premios.
Los mismos resultaban insulsos, intrascendentes, desabridos, cuando muy bien pudo aprovecharse para hacer de los mismos una cadena de chispeantes y atractivas motivaciones en cada segmento.
La única intervención realmente valorable fue cuando le tocó el turno de entregar premios a Raymond y a Karina Pasián, cuyo dialogo por lo visto fue el mejor elaborado, aprovechando los diferentes caracteres de los personajes envueltos en el mismo.
Una Karina Pasián criada en los Estados Unidos, con costumbres y cultura tan diferente a la nuestra, y un Raymond Pozo que resume todo el gracejo de la sabiduría popular.
Ni siquiera a Jochy Santos se le sacó partido en su rol de comediante, y sus diálogos con Luis Manuel Aguiló parecían extraídos de una velada de escuela pública de un pueblo fronterizo.
La conducción por ello se vio muy esquematizada, luy leida, muy teleprompter, lo cual le quitó ligereza al desarrollo del evento.
Y como se sabe, y así se ha hecho en otras ocasiones, la conducción juega un papel esencial en una ceremonia donde la gente se sienta a ver una retahíla de otorgamiento de premios, algunos de cuyos renglones no son de su interés.
No en vano en los Oscars se busca animadores y conductores artillados de gags y chistes para mantener el buen ánimo y el interés de la gente.
En el caso de Tania Báez, sin duda alguna se impuso con su experiencia, veteranía, confiriéndole a la ceremonia la parte formal de la conducción. Pero, la contraparte masculina, debido a la falta de un buen libreto como ya hemos dicho, no pudo jugar el rol de compensación que ameritaba el montaje.
FOTO: Raymond Pozo, Jochy Santos y Karina Pasián (remolacha)