miércoles, 11 de febrero de 2026

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jueves, 10 de abril de 2014

El que en este medio y no aprende a moverse y adquiere su "chin de tigueraje"está destinado a convertirse en víctima de los "leones y las leonas" que hay en "la selva".
 
En la calle El Conde se ha implementado un negocio que ofrece servicio de masajes a los turistas que van a la zona que está creando muchos problemas.
Las "chicas" que tabajan en el establecimiento seducen a los transeuntes para que entren a darse "un masaje".
 
Pero cuando el cajero le pasa la cuenta les cobran hasta mil dólares por el "servicio".
Varios turistas que han sido timados se han quejado en el módulo de la policía de Turismo que opera en la   misma calle El Conde, pero los agentes dicen que son actividades en las que poco pueden hacer por ser negocios "tan particulares".
 
El caso es que el célebre centro de masajes está provocando muchos problemas y quejas por el abuso que están cometiendo con los turistas que se pasean por la zona, a los cuales prometen una "deliciosa y rica experiencia", que al final se convierte en "gran amargura".
Y cuando hablamos de que hay que aprender para poder lidiar en el medio lo decimos porque una vez vivimos la experiencia de entrar en Madrid con unos amigos a un bar de chicas preciosas que atendían a los clientes en panties y brasieres.
 
Hay que hablar por experiencias propias, porque de nada vale uno estar pontificando sin haber tocado altares, lo cual es inauténtico.
 
Solo entramos a ver, debo aclarar, porque cuando se trabaja en el mundo de la diversión y el entretenimiento  hay que conocer también el ambiente "undergrown" para que no te cuenten.
 
Pero volviendo al tema, lo primero que nos advirtió el amigo Café, un dominicano residente en Madrid, que es músico,  y que nos llevó al lugar junto a Carlos Batista, era que por nada del mundo admitiéramos que una de las fabulosas chicas que parecían conejitas de Playboy se sentara en nuestra mesa a compartir un trago con nosotros. Ellas mismas se ofrecían...
 
Y es que aunque nada se hiciera con ellas, y solo se procurara compañía en la mesa, había que pagarle su tiempo, que era un dineral calculado por la casa "por minuto", ni siquiera por hora, aparte de que cualquier trago que pidieran era diez veces más caro que el de uno.
 
Quien cayó de tonto fue el director de un grupo musical de Santiago, que llegó al extremo de meterse en un jacuzzi con un grupo de rubias en bikini, y cuando pasó la tarjeta para pagar la cuenta "le dieron en la madre" con la suma que le cargaron.
Hasta fue a la policía a poner una denuncia, pero allí y le dijeron que no podían hacer nada. Igualito que aquí....
 
El pobre hombre regresó de España con "una mano delante y otra detrás", y endeudado...

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NIURKA BAEZ,
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