En noviembre del año pasado, la violinista alemana Carolin Widmann tocó en un concierto en Finlandia. De ahí seguía una presentación en Viena, pero antes haría un rápido viaje a casa. Eso la enfrentó con un dilema en el aeropuerto de Helsinki: ¿qué iba a hacer con su violín centenario?
Cuando intentaba subir a un vuelo de Lufthansa, una persona que trabajaba para la aerolínea le dijo que el estuche de su violín era demasiado largo para ir en cabina. A pesar de las protestas de Widmann, la única opción para transportar el instrumento, valorado en varios millones de dólares, era sacarlo, comprar un segundo asiento en el vuelo a Fráncfort y llevarlo así, con ella, en un vuelo de conexión a Leipzig, su ciudad natal
Widmann tuvo que proteger el instrumento, un violín Giovanni Battista Guadagnini fabricado en 1782 en Turín, Italia, de los derrames, los empujones de los pasajeros y las turbulencias en varios aviones, además de los controles de seguridad y los transbordos en autobús entre el hielo y la nieve.
“Me quité el suéter y envolví mi violín con él”, dijo Widmann, de 49 años, en una entrevista. “Un instrumento increíblemente valioso, totalmente desprotegido”.
No podía dejarlo desatendido para ir al baño.
“Esto es más que un instrumento”, dijo. “Es patrimonio cultural. Es como tener una pintura de Van Gogh en las manos, sin más”.
Widmann, que viaja para dar hasta 60 conciertos al año, comentó que presentó una queja ante el representante de Lufthansa en el aeropuerto de Helsinki, en Finlandia, y a través del sitio web del grupo aéreo Lufthansa. Publicó una carta abierta a su director ejecutivo, Carsten Spohr, habló con la gerencia y documentó sus esfuerzos en redes sociales, donde miles de músicos respondieron con apoyo o compartieron anécdotas similares.
Para febrero su experiencia había “tocado una fibra sensible”, como Widmann lo describió.
A partir del 1 de marzo, el Grupo Lufthansa, citando “retroalimentación de los clientes”, dijo que aplicaría una política de equipaje de mano “nueva y más generosa” para instrumentos pequeños como violines, trompetas o ukeleles.
A partir del 1 de marzo, el Grupo Lufthansa, citando “retroalimentación de los clientes”, dijo que aplicaría una política de equipaje de mano “nueva y más generosa” para instrumentos pequeños como violines, trompetas o ukeleles.
En el caso del estuche de violín de Widmann, se utilizó únicamente la longitud de 80 centímetros para determinar su viabilidad en cabina.l cambio de política de Lufthansa forma parte de los esfuerzos del sector aéreo por abordar los retos que enfrentan los músicos al volar. En una reunión de miembros del Parlamento Europeo, músicos y ejecutivos de la aviación realizada en Bruselas el 23 de febrero, Nicola Zingaretti, líder del Partido Democrático italiano, dijo que la experiencia de Widmann demostraba cómo “un incidente aislado puede convertirse en un catalizador del cambio”.
Los instrumentos musicales “no son un equipaje normal”, dijo en la reunión.
Sin embargo, unificar la normativa sería una tarea compleja, considerando la cantidad de aeropuertos, personal en tierra y aerolíneas en todo el bloque. “El problema no son solo las políticas”, dijo en la reunión David Webster, del Sindicato Británico de Músicos. “También tiene que ver con la comprensión de esas normas y con cómo capacitamos al personal de las puertas de embarque”.
Valentina Scheldhofen Ciardelli, contrabajista y compositora que impulsó la reunión con los integrantes del Parlamento, presentó una petición firmada por más de 8200 músicos independientes y de orquesta de todo el mundo, en la que se piden normas claras sobre el transporte de instrumentos y una aplicación menos discrecional de esas reglas.
Dijo que protestó el mes pasado cuando un funcionario del aeropuerto de Stansted, en Londres, intentó abrir el estuche que contenía sus arcos, que son delicados y pueden verse afectados por la tela de los guantes o por el aceite natural de la mano de una persona.

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