
Ahora que Pochy, Kinito y Bobby se han juntado para reconstruir la Coco Band original, le surge la inquietud a varios amigos que me escriben, entre ellos Arturo Suárez, de si es posible que ésta orquesta pueda retornar a los máximos niveles de popularidad y de proyección que alcanzó en los años noventa.
Antes de entrar en consideraciones sobre el tema, debo precisar lo siguiente.
Me han querido crucificar por el hecho de que no he estado de acuerdo con la manera en que se ha querido rescatar el merengue de los ochenta, presentando especiales de diez por uno.
Pienso que se pudo hacer algo mejor.
Vengo de la escuela y de la experiencia de José Tejeda, que cuando se dispuso a darle dimensión al merengue, instituyó el Carnaval del Merengue, llevando nuestro ritmo a los más importantes escenarios de la ciudad de Nueva York.
A partir de que Tejeda llevó el merengue al Radio City Music Hall, al Madison Square Garden, el Lincoln Center, donde ya se presentaban los conciertos de salsa, nuestro ritmo pudo alcanzar una categoría y valoración respetable, lo cual en gran medida le confirió singularidad al género.
Lo primero que hizo el entonces novel empresario artístico fue alquilar un pequeño cubículo en el edificio de la calle 55 entre Septima Avenida y Broadway en el que estaban las oficinas de los más importantes empresarios artísticos del mercado norteamericano.
Lo recuerdo muy bien porque en septiembre del 1976 participé de las primeras reuniones de ese festival del que por más de diez años fui presentador oficial.
Era una osadía de Tejed

a el tener una oficina en el edificio de los grandes empresarios, pero él sabía que para darle importancia a nuestra música tenía que mercadearla desde el lugar donde estaban los más grandes “matatanes” del “show business”.
De hecho ya Ralph Mercado estaba allí con su oficina de representación de los cantantes y orquestas de salsa.
Precisamente, para conseguir el Radio City para el primer carnaval, Tejeda se tuvo que asociar con Mercado y con Ray Avilés, porque todavía no tenía “fuerzas” para que le rentaran un local como ese.
A partir de ese “atrevimiento” empezó la historia que todos conocen del auge del merengue en la capital del mundo, llegando a concitar la atención de periódicos como The New York Time, Daily News, y la cadena ABC que le dedicaban reportajes al Carnaval del Merengue.
Muy diferente a los tiempos actuales, donde nuestra música apenas encuentra espacio en el United Palace, un teatro de quinta categoría que opera como una iglesia.
Y que me perdonen los que allí hacen actividades y creen que con ello están proyectando nuestra música al más alto nivel.
En cuanto al “rescate” que se propone a partir del espectáculo de los merengueros de los ochenta, pienso que se debió empezar por un evento en grande, a partir del cual se podía entonces transitar el camino de las “menudencias”.
La Coco Band hizo techoPero entrando al tema de la Coco Band, miren señores.
Coco Band y Pochy Familia, como fenómeno de popularidad en los noventa, hizo techo.
Los Coco Conciertos llenaron la playa de Boca Chica, abarrotaron los alre

dedores del monumento de Santiago y en un espectáculo irrepetible “reventaron” el Estadio Olímpico.
Sólo Juan Luis Guerra y Pochy Familia han logrado con el merengue llenar ese estadio a toda capacidad.
Si a eso se le suma que ganó luego de eso El Soberano, la más alta premiación artística del país, por ahí pueden medir la grandeza de las marcas alcanzadas por La Coco Band.
Tras abarrotar el local de espectáculos más grande del país y alcanzar el más grande premio artístico de la nación, qué más le quedaba a Pochy por lograr?
Como he dicho hizo techo, con el agravante de que luego se descuidó, se durmió en sus laureles y abandonó la plaza para casi mudarse a Miami detrás de una falda, lo que aprovechó José Peña Suazo, que era músico de la Coco Band, para lanzar el proyecto de la Banda Gorda.
Cuando Pochy quiso retornar, ya era tarde.
Por más que haga, la gente tiene de referencia la grandiosidad de las grandes marcas que estableció, las cuales dificilmente pueda volver a alcanzar.
Lo juzgan por lo que hizo y por lo que fue, lo cual se constituye en un lastre referencial “maldito”, si se quiere, en el presente.
Sólo Juan Luis Guerra ha podido repetir la hazaña de hacer techo, bajar y volver a subir.
Por ello a veces algunos prefieren ser “standard”, como lo es por ejemplo un Sergio Vargas, que se mantiene en una medianía que le asegura una mayor permanencia.
Es muy bueno hacer techo, pero en algunos casos le sucede igual que a los generales, que luego de llegar a la secretaría de las Fuerzas Armadas, sólo les queda el retiro para la vida civil en la mayoría de los casos.
El experimento de recomponer la Coco Band es interesante.
Pero se deben evitar las “masturbaciones mentales” de que se puedan repetir las grandes e históricas grandes hazañas de otros tiempos.
Es cuanto...